domingo, 26 de noviembre de 2017

Flores y misterio

Desde hace un tiempo, me resulta cada vez más difícil escribir sobre los los libros que leo. Cuando me planto ante la página en blanco para contaros mi experiencia con la última lectura, mis dedos son incapaces de trasladar lo que todavía tengo en mi mente, y en mi espíritu. Yo lo achacaba a la falta de tiempo, a las prisas, a las miles de cosas que se agolpan siempre en mi cabeza esperando su turno para coger protagonismo. Pero justo ayer, leí la entrada de mi admirada Ángeles, en su blog Juguetes del viento, sobre los problemas de algunas personas para leer o para encontrar lecturas que les apasionen. Con su permiso, os pongo aquí el enlace para que lo leáis; no tiene desperdicio: Yo leo, ¿tú lees?
   Pues bien, me empecé a plantear que ese podría ser mi problema. Últimamente, "engullía" lecturas de tal forma que casi no las procesaba. Las disfrutaba, me gustaban más o menos, pero me entretenían. Todas me acompañaban mis momentos perdidos, pero ninguna me marcaba tanto como para poder hablaros de ella sin esfuerzo. También podía tener que ver con algo tan sencillo como mi poca capacidad de expresión. Pero, hasta ahora, y con riesgo de pecar de inmodestia, no se me había dado tan mal.
   Eran varios ya los libros que se iban quedando en el tintero porque era incapaz de transmitiros mis impresiones, y justo eso era lo que me estaba pasando con el recién terminado Herbarium. Las flores de GideonPara ser sincera, los motivos por los que me decidí a leerlo fueron un pelín superficiales: su portada y la mención de Jane Eyre como parte de su argumento. Sin embargo, he disfrutado de su lectura y, en general, creo que está bien escrita y con buenos elementos para enganchar al lector. ¿Por qué, entonces, soy incapaz de escribir sobre ella? 

   Cada vez que he tratado de desgranar la historia, de contaros cómo estaba narrada, de hablaros de los personajes, etc., he borrado más de lo que he escrito. De hecho, esta es la tercera vez que empiezo esta entrada. ¿Por qué? El argumento es entretenido: hay misterio, romance, dos líneas temporales bien compaginadas. Los hechos están bien enlazados, la tensión y el suspense bien conseguidos, el lenguaje utilizado es correcto y los personajes, en general, bien armados. Si esto lo tenía claro, ¿dónde estaba el problema? Era evidente, en mí.
   Cada vez que empezaba a escribir me enredaba y se me amontaban los datos. Si trataba de contaros el argumento, espachurraba la trama; si intentaba hablaros de los personajes, los presentaba demasiado planos (no es que fueran muy profundos, pero lo suficiente para ser creíbles); si probaba suerte con la forma de narrar la historia, tan solo era capaz de plasmar la extrañeza que me había causado que los dos protagonistas narraran los hechos siempre en presente, como si les estuviéramos leyendo el pensamiento.
   He repasado varias veces las notas que tomé mientras la leía, pero solo soy capaz de hacer un listado con ellas: la asombrosa madurez de Sara, la protagonista, con tan solo 23 añitos, y una vida tan intensa como una mujer de 40; los textos en cursiva, contados por un narrador omnisciente, sobre la vida de Gideon y Sara, y que de repente desaparecen a mitad de la novela; algunas escenas y reacciones que me han parecido muy manidas; algunos momentos de tensión bien conseguidos; un giro erótico hacía el final que no me cuadraba con el tono del resto de la novela, pero que daba una "nota de color"; y así sucesivamente. Retazos sueltos que he sido incapaz de hilvanar. 
   Quiero pensar que se debe a esta racha de lecturas, correctas pero poco profundas, con las que me he encontrado últimamente, al menos para mí, claro está. Así que os pido disculpas si, lo más seguro, es que no podáis tener una idea clara sobre qué va este libro, y mucho menos, de sus virtudes o defectos, aunque fuesen totalmente subjetivos. Además, no me parece justo para su autora, ya que no os doy unos argumentos serios sobre mis impresiones. Por eso, os dejo a continuación la síntesis de la novela, para que tengáis una referencia mínima, y espero hacerlo mejor la próxima vez. 
Herbarium. Las flores de Gideon.Un oscuro secreto familiar hizo que Sarah se marchara de Oxford a los dieciocho años. En su huída a Brasil dejó atrás una vida. Pero cinco años después, tras la muerte de su padre, se ve obligada a regresar. Quiere ver a su abuela Sylvia, la mujer que la crió de niña y que ahora sufre Alzheimer.Sarah cree que estará solo unos días, pero cuando va a la Universidad donde su padre era profesor de química descubre que él se ha pasado los últimos años estudiando a Jane Eyre y buscando los dibujos de unas misteriosas flores, las flores de Gideon.¿Quién es Gideon? ¿Qué significan esas ilustraciones? ¿Qué tiene que ver Jane Eyre en todo esto? Aunque su abuela parece conocer las repuestas, no puede ayudarla. Lo más paradójico es que el único que puede hacerlo es Liam Soto, profesor estrella de la Universidad de Oxford, el mayor experto en Jane Eyre de Inglaterra y él ni quiere ni puede estar cerca de Sarah. A través de las flores de Gideon, Sarah descubrirá el pasado de su abuela y una gran historia de amor que tal vez la ayude a recuperar su vida y le dé las fuerzas necesarias para desenterrar lo que de verdad se esconde en su corazón.


domingo, 19 de noviembre de 2017

Banderas negras

... Y una verde para conseguir vuestra atención. Porque vuelvo de nuevo con una propuesta de las que llegan a mi correo.
   Hace días, Juan Pedro Delgado Espada me escribía para hablarme de su reciente libro Banderas negras, una nueva aventura de Peter Scott, el protagonista de su anterior novela  El último pirata. 
   Se trata de una novela juvenil escrita para los lectores de 10 años, y como yo tengo muy cerca lectores que rondan esa edad, algunos auténticos bucaneros con los que hay que batirse sable en mano más de una vez, seguí leyendo su correo para descubrir lo que podía encontrar si surcaba esos mares. Y esto es lo que me ofrecía:
  
"Año 1718. Mar Caribe. Peter Scott, alférez de su majestad británica, navega en el barco de cuarenta cañones King George, al mando del capitán William Van Wilson. Tienen como misión capturar a todos los navíos de bandera negra que encuentren en su camino.
  Esta historia comienza cuando están a punto de atacar por sorpresa a un temible y sanguinario pirata llamado Hans el Loco, que con dos balandras y más de cincuenta piratas se ocultan en una discreta ensenada. El problema es que el plan de ataque se tuerce. Y lo que es peor, un agente del malvado Calavera Negra se encuentra entre los soldados y busca traicionarlos a todos".

   ¿Y quién es el escritor que ha dado vida a este valiente marino? El sevillano Juan Pedro Delgado Espada. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla, ejerce como periodista realizando labores de consultoría de comunicación y edición de publicaciones. Además es cofundador y editor de una interesantísima revista de crítica de cine y TV, llamada Fila Siete. Y mientras hace todo esto, escribe novelas juveniles: "Halcón Negro" (2014) y "El último pirata" (2015).

   Después de leer esto, es muy posible que mi bucanero particular se suba a ese barco de cuarenta cañones, y se lleve con él a dos pequeñas princesas que, como todas las princesas modernas, siempre están dispuestas a luchar contra cualquier villano y a repartir mamporros si hace falta. Menos mal, que cuentan con la protección de un sesudo capitán de casi 11 años ya de experiencia.


Aquí os dejo los datos técnicos:
BANDERAS NEGRAS
Autor: Juan Pedro Delgado Espada
Editorial: Ediciones Palabra S.A.
Colección: Astor Junio
ISBN: 978-84-9061-643-7
224 páginas. Encuadernación rústica.
Formato: 21x14 cm.
Precio: 10,50€
Y si lo preferís, también podéis conseguirlo en Amazon.


martes, 14 de noviembre de 2017

Peticiones

En una escapa rápida entre semana, me paso por aquí para no perder la oportunidad de presentaros la último libro de Alonso Barán, El arte de morir dos veces, publicado por Penguin Random House.
Es muy posible que muchos de vosotros ya conozcáis al autor, pero siempre está bien refrescar la memoria y, de paso, presentárselo a quienes oyen hablar de él por primera vez.
El autor
Alonso Barán nació en Madrid en enero de 1978. Es escritor, filósofo y guionista. 
Además de graduarse en filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, tiene un máster en guion de cine y televisión, y un máster en comunicación y política.
Ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en medios de comunicación y es autor de un guion para largometraje y varias novelas. Además de El arte de morir dos veces, tiene publicados un ensayo de filosofía política (Librepensamiento. Cómo no dejarse engañar) y un thriller psicológico (El azar no se llora), ambas obras tuvieron gran aceptación entre el público debido a su originalidad y dinamismo.

Y ahora, vayamos al grano, en este caso, al motivo de esta entrada:
La novela
Alex es una persona normal y corriente, alguien ahogado por las deudas a quien surge la oportunidad de cambiar su problemática existencia. Para aprovecharla sólo tiene que robar una gran suma de dinero, fingir su muerte y escapar a México.  
Lo que no imagina es que al tomar las riendas de su destino pondrá tras a él a toda la policía de los Estados Unidos y a su némesis, Solomon Schwarz, un ex militar traumatizado por la guerra de Irak quien sale de inmediato tras su rastro dejando un reguero de sangre a su paso y que no se detendrá hasta atraparlo.
Durante su huida, Alex conocerá a extraños personajes de la América profunda cuyas aviesas intenciones convertirán su viaje en una asfixiante carrera por la supervivencia. 
Al mismo tiempo, a Moses y Becky Mitchell, marido y mujer y policías, el robo les obligará a emprender una persecución que los llevará, como a Alex y Schwartz, a atravesar carreteras, poblados y pantanos y enfrentarse a las más diversas situaciones (desde tornados hasta caníbales) y a una larga lista de personajes variopintos con los que entrarán en contacto durante su aventura.

Buscando una forma de definir la novela, me he topado con las siguientes reflexiones:
El arte de morir dos veces es un thriller existencialista, minucioso en su forma de elaborar la intriga, grandioso en los escenarios y en la acción, y que aporta al lector una perspectiva reveladora sobre el tránsito por la vida.
El arte de morir dos veces continúa la línea que caracteriza el estilo narrativo del autor: adrenalina literaria que te será imposible dejar de leer.
Y después de esto, nada mejor que terminar con el booktrailer para tener otra visión más de esta obra: 

Para terminar, os incluyo también la ficha técnica; nunca se sabe qué datos os pueden interesar.
Ficha técnica
Título: El arte de morir dos veces
Autor: Alonso Barán
Sello: B DE BOOKS (grupo editorial PENGUIN RANDOM HOUSE)
Género: Thriller, Neo Western, Neo Noir, 
Temática: Suspense, Misterio, Existencialismo.
Número de páginas: 688.
Ebook: precio con IVA: 3,99 €
Papel (tapa blanda): precio con IVA: 17 €

Podéis comprarlo:
En papel:
Disponible en las principales librerías y grandes superficies. 
Casa del libro: https://goo.gl/oYE6oa
En digital: 
Descarga Kindle
Descarga Ebook (Casa del libro)

domingo, 5 de noviembre de 2017

Difícil elección

Me levanté con cuidado para no despertar al pequeño visitante que se había quedado a dormir en mi casa esa noche. Por suerte, el pequeño guerrero "legendario" había tardado en dormirse un pestañear de mis cansados ojos, después de que los dos hubiéramos acompañado a Percy Jackson a recuperar el vellocino de oro que salvaría el campamento de "los mestizos", hijos de dioses y humanos. 
Por algún que otro sobresalto nocturno, imaginé que el "piratilla" había estado luchando en sueños y necesitaría unas horas más de descanso. Así que, en el silencio de la casa, me preparé un tentempié para resistir hasta el desayuno que nos habíamos prometido los dos esa mañana. Entre sorbo y sorbo de café iba terminando el libro que tenía entre manos, con más pena que gloria todo sea dicho, al mismo tiempo que mi memoria hacía un repaso de las posibilidades que tenía para sustituirlo. Pero llegué al final, del café y del libro, y no había conseguido encontrarle sustituto.
Mientras yo buscaba y rebuscaba, mi superhéroe particular se desperezaba y espabilaba recordando las hazañas más emocionantes de su admirado Percy, y tras varios tiras y aflojas, conseguimos los dos estar listos para salir en busca del desayuno dominical, para mí, uno de los mayores placeres de la semana. Compartimos uno especialmente rico.
Cuando llegó el momento de devolver el "duendecillo" a sus legítimos dueños, la falta de compañía y de lectura me empujaron a dar un paseo, aprovechando que la lluvia parecía haberse cansado ya y que el sol estaba en su mejor momento. No hay nada como el aire fresco, el sol en la cara y el ruido del río para poner en marcha los engranajes de la memoria y hacer balance de los títulos que tenía esperando turno. El primero era El niño pájaro, de Juan Manuel Peñate Rodríguez, un libro de relatos entre el suspense, la fantasía y el terror. De él había leído buenas críticas en varios blogs, pero me parecía más adecuado para la lluvia que acababa de marcharse, más propio de una luz grisácea que de un sol luminoso y un cielo azul metálico. Así que pasé a la segunda posibilidad, Azul Vermer, de Mar Melle.
El color del título parecía encajar mejor con lo que me encontraba en el largo paseo. Recordaba las buenas sensaciones que había dejado en más de una compañera bloguera; su buena narrativa, el protagonismo de la pintura, la labor de documentación... Sin embargo, según avanzaba, el azul del cielo quedaba escondido entre miles de tonos amarillos, ocres y marrones. Algo me decía que tampoco era el turno de este libro y que debía seguir indagando en la biblioteca mental. 
Como mi memoria es fotográfica, recordé la portada del libro que se "acumulaba" en la tablet tras este Azul Vermer; era Herbarium. Las flores de Gideon, de Anna Casanovas, que me había llamado la atención por tener como centro de la trama la novela de Charlote Brontë, Jane Eyre. Una portada que prometía misterio y romanticismo y un argumento que contaba con estancias en Oxford, personajes interesantes y viajes al pasado empezaban a situarla como favorita. Además, combinaba bien con esa mezcla de colores y rayos de sol con los que me tropezaba a cada paso.
Sin embargo, no podía olvidarme de las nuevas adquisiciones en papel que acababan de aterrizar sobre la mesa del salón. Una era La tormenta de cristal, de Morgan Rhodes. Venía de Círculo de Lectores, de una de esas revisiones rápidas y urgentes que siempre me toca hacer cuando se me echa el tiempo encima. Lo había elegido porque era de género fantástico y, en aquel momento, el cuerpo me pedía fantasía e imaginación. Esperaría a volver a casa para leer de nuevo la contraportada y decidir sus posibilidades.
La otra adquisición me la traje bajo el brazo después de visitar la Feria de editoriales y librerías de Madrid, que termina justo este fin de semana y que alegraba todavía más la Plaza Mayor. Santiago Posteguillo y Las legiones malditas se habían pegado a mí desde que entré por el Arco de Cuchilleros y me di de narices con la caseta que lo exponía. Bueno, en realidad tuve que sortear primero a algún que otro turista despistado, empeñado en hacer de fotos de la Casa de la Panadería desde el peor ángulo de toda la plaza. Pero nada se puede interponer entre Posteguillo y yo, y menos si me ofrece como protagonista a Publio Corneclio Escipión el Africano. 
Llegaba el final del paseo y el momento de volver, y al llegar a casa, tendría que elegir cuál me acompañaría en mis viajes ferroviarios. Las aventuras vividas con mi pequeño héroe la tarde anterior me animaban a elegir La tormenta de cristal, pero los reflejos y colores que todavía me saltaban en los ojos me empujaban a decidirme por Herbarium. Aún me quedaban unos diez minutos antes de llegar al portal, diez minutos para hacer las últimas cábalas que me ayudaran a decidir mi próxima lectura.

domingo, 22 de octubre de 2017

Un lugar a donde ir

Allí estaba yo, pasando las hojas de aquel catálogo de libros para hacer la petición mensual correspondiente, sin demasiado entusiasmo pero con demasiada urgencia, porque se acababa el plazo. Ya desesperada, mirando más que viendo, frené en seco al ver su nombre y, de nuevo, María Oruña me convenció de que recorriera paisajes con ella y conociera lo que se esconde en lo más profundo de algunos seres humanos. Y así fue como empecé a leer Un lugar a donde ir, segura de que disfrutaría con este libro tanto como con el anterior, Puerto escondido.
   Son los protagonistas de la anterior novela quienes, de nuevo, tienen que enfrentarse a un increíble misterio en la localidad de Suances. Cuando ya todos pensaban que habían vuelto a la normalidad tras los asesinatos que lo pusieron todo patas arriba hacía ya unos cuantos meses, el cadáver de una joven que parece haber viajado en el tiempo aparece en La Mota de Trespalacios, una particular construcción medieval. Todo lo que lo rodea vuelve a alterar la comisaría donde trabaja la teniente Redondo, al igual que los asesinatos que le siguen y que traerán de cabeza a nuestros protagonistas. Mientras estos investigan los entresijos de estos crímenes, Oliver Gordon se enfrenta a su propio misterio, la desaparición de su hermano Guillermo.
   Me frotaba las manos con esta nueva historia, sobre todo, porque esperaba que detrás de ese argumento hubiera mucho más, como en su anterior novela. Porque deseaba encontrarme con esos personajes tan completos, daba igual su escala de protagonismo, cada uno con su propio pasado, sus propias cicatrices, dándoles así realismo y profundidad. También, con esa forma de escribir tan fluida que hace la lectura tan fácil, con diálogos ingeniosos y un lenguaje que encaja muy bien con cada personaje. Y por último, con esa perfecta combinación de saltos en el tiempo que, a la vez que explican hechos del presente, aumentan el misterio y la intriga. Todo esto, sin olvidar la increíble labor de investigación que se refleja en los detalles y datos de las distintas disciplinas que se mezclan en la trama y que van completando el rompecabezas. 

   Y en medio de todo esto, el paisaje. Un paisaje tan protagonista como los personajes de la novela, que parece entrelazado con la historia como si esta no hubiera podido transcurrir en otro lugar, y que yo misma había tenido la suerte de recorrer no hacía mucho. Reconocía lugares y recordaba rincones, pero no era solo esto lo que me me hacía caminar de nuevo por allí, era también la habilidad de María Oruña para crear una fotografía del entorno donde pasa todo. 
   Según iba leyendo me iba encontrando con referencias a la anterior novela, pequeños guiños a personas y hechos que habían cambiado la vida de los protagonistas; suficientes para que los que habíamos leído Puerto escondido supiéramos cómo habían evolucionado algunos acontecimientos, pero no tantos como para que los recién llegados se perdieran y necesitasen leerla para saber de qué se hablaba. Aunque, sinceramente, no creo que puedan resistir mucho tiempo sin salir corriendo a por ella.
   Y así es como, otra vez, esta escritora ha vuelto a sorprenderme, a hacerme disfrutar y a que cerrase el libro con satisfacción, esperando ya su próxima obra.
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