sábado, 27 de diciembre de 2014

Dónde leer hoy. Delante de la chimenea

La casa está absolutamente dormida, no se oye ni el más mínimo ruido y todavía quedan restos de las últimas brasas en la enorme chimenea que hay en el salón. Nos hemos acostado bastante tarde, pero me he despertado temprano para hacer honor a mi fama de abonada al insomnio crónico, justo después del amanecer,en esas horas de penumbra que tanto me gustan. Entonces, es cuando más tranquila y profundamente leo.
   Aún se mantiene el olor a leña mezclado con el de los últimos cubatas con los que brindamos anoche acompañando la puesta al día de nuestras vidas. Ahora, todo está en silencio, un silencio espeso que se cuela por los oídos y que parece que me envuelve igual que la manta que he cogido para taparme. Ya estoy lista, tengo el libro en una mano y la taza de café caliente en la otra. Los pequeños de la casa están todavía profundamente dormidos y nunca se sabe cuando van a despertar, así que tengo que aprovechar estos momentos de aislamiento. 
   El sillón está en el sitio justo, delante de la chimenea, ni demasiado cerca como para achicharrarme, ni demasiado lejos como para echarla de menos. El chisporroteo de las ascuas delante de mis pies, extendidos sobre la banqueta, ponen la música de fondo. Tengo todavía el pijama puesto que, para mí, es uno de los mayores placeres de las mañanas festivas, y ya he conseguido darle la forma de mi cuerpo al orejero, a pesar de la manta que se resbala constantemente y me hace dejar el café a un lado si quiero mantenerme así de calentita. 
   Santiago Posteguillo, Publio Cornelio Scipion y yo nos encontramos de nuevo, esta vez en las llanuras del río Tesino, en plena batalla contra las tropas cartaginesas de Aníbal. La tensión se mastica junto con el polvo y el sudor de la batalla. Si me permitís, voy a darle otro sorbito al café, a sujetar con fuerza la manta y a aprovechar el silencio hasta que lleguen los primeros despertares. Con vuestro permiso...

domingo, 21 de diciembre de 2014

Recuerdos

Mañana empieza la Navidad. En mis recuerdos, el pistoletazo de salida lo daba la tele desde buena mañana con la cantinela de los niños de San Ildefonso. Entonces, los cánticos sonaban en pesetas, pero mis sensaciones eran las mismas que ahora. Mis recuerdos me dicen que mañana empieza de verdad la Navidad; ni con el alumbrado oficial, ni con Cortilandia, ni con El Almendro o con Freixenet. Ni hablar, todo empieza mañana con el olor a día de vacaciones, con el desayuno tranquilo en la mesa del salón viendo el sorteo y con el pijama puesto, con las cajas del belén y de los adornos navideños, y con todos los artilugios preparados por mi madre para tenernos todo el día entretenidos con trabajos manuales: angelitos, reyes magos, estrellas, etc.
   Los recuerdos vuelven todos los años a visitarme, porque yo les invito. No dejo que la Coca-Cola, los perfumes o Toysrus me ocupen el poco espacio libre que tengo en casa para los amigos. 
   Así que, yo sí celebro la Navidad, porque me entusiasma, porque la disfruto, porque quiero recordar todo lo que sentía de niña: el frío en la cara cuando salíamos a enviar las tarjetas de Navidad y la carta de los Reyes Magos, el ruido de los primeros panderos y zambombas de la gente que se reunía con los amigos, el olor dulce de las pastelerías.
   No me importa la falta de belenes en los escaparates, donde solo hay muñecos de nieve y papanoeles, llenos de escarcha, no me importan las quejas de la gente sobre todo lo comercial y falso de la Navidad mientras te hablan cargados de bolsas y paquetes de regalos; sí siento el barullo y el machaqueo publicitario que tienen que soportar quienes odian la Navidad y siento muchísimo más la tristeza de aquellos que echan de menos a quienes más han querido. Pero yo tengo la enorme suerte de tener conmigo a casi todos los que más quiero, y los que faltan siempre me hicieron disfrutar de estas fiestas somo si ellos no echaran de menos a nadie. Esas sonrisas, esos villancicos que cantábamos desafinando como loros, esa decoración espantosa hecha de rollos de papel higiénico, nueces y cartulinas de colores y los bombos dando vueltas en la televisión son mis invitados a partir del lunes y pienso hacerles todos los honores.
   Mañana, extenderé sobre la mesa virtual de mi trabajo todos los billetes de lotería que comparto y reparto, tal y como hacía mi abuelo cada 22 de diciembre y, después, buscaré los libros que estaban siempre desperdigados por la casa porque se leían "a salto de mata" entre el despertar y el desayuno o entre la merienda y la visita a la familia. Así empezaré a celebrar la Navidad, mi Navidad.
Feliz Navidad a todos.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Encantada

No dejan de sorprenderme los abrazos que recibo a través del blog; yo que pensaba que esto de Internet era algo frío. Para nada, aquí me tenéis otra vez, recibiendo un nuevo "abrazo" virtual con premio, esta vez de parte de Ángeles del blog Juguetes del viento
   El premio vuelve a ser "The best blog" y vuelve a tener preguntas a las que responder; así que me pongo a ello, encantadísima:
1. ¿Qué te impulsó a crear un blog?
Una terapia propuesta por mi cuñada, Isabel, para superar unos malos momentos (ya pasados). Necesitaba algo que me hiciera sentir entusiasmo y despertara mi interés. Y aquí estoy, enganchadísima.
2. ¿Qué libro estás leyendo ahora?
Prefiero no decirlo, porque no me está gustando nada, y siempre me da mal rollo hablar mal de un libro.
3. Si pudieras subir al “anacronópete” de Enrique Gaspar para viajar en el tiempo, ¿a qué época y lugar te gustaría ir?
¡Uf! No pararía ni un segundo; sería un ir y venir continuo, desde la época de los faraones al futuro de mis sobrinos. Pero, si debo elegir, me encantaría visitar Judea por estas fechas.
4. ¿De qué novela o cuento te gustaría ser un personaje?
De los de Jane Austen, Galdós o Rosamunde Pilcher. 
5. ¿Y en cuál no querrías estar por nada del mundo?
No me verían el pelo por ninguno de crímenes, de Poe o de guerras; eso prefiero disfrutarlos desde este lado de las páginas, me lo paso de miedo viendo "los toros desde la barrera".
6. ¿Qué prefieres, una novela de amor o un amor de novela?
El segundo, el segundo; el primero ya lo tengo.
7. De los libros que has leído ¿cuál le recomendarías a un adulto que quiere iniciarse en el hábito de la lectura?
Las recomendaciones siempre son difíciles, pero creo que una buena novela histórica, bien contada, porque entretiene a la vez que enseña.
8. ¿Y cuál le recomendarías a alguien que lee mucho?
A eso sí que no me atrevo, más bien sería al revés, le pediría recomendaciones a él.
9. ¿Cuánto es el máximo tiempo que has estado sin leer ningún libro?
Una semana, y fue eteeeeeerna.
10. ¿Cuál es tu palabra favorita?
Ahora se me ocurren tres, pero hay muchísimas más: alfeizar, cerezo, lluvia...
   Y después de que Lady Aliena, Zazou y Ángeles fueran tan generosas como para concederme este premio, voy a seguir la cadena y a nombrar a otros blogs de menos de 200 seguidores que alarguen hasta el infinito el gustazo de recibir un premio. 
Mis elegidos son:
India Stoker, de Parafraseando libros
Hache C., de Los libros de Hace.
Marie, de A book a day keeps de doctor.
Zarzamora, de Desde mi ventanilla.
Y estas son las preguntas:
1. ¿Crees que somos lo que leemos?
2. Un género que te apasione.
3. Un género que se te atragante.
4. Un gran clásico con el que no puedes.
5. Un gran clásico con el que pensabas que no podrías y te ha encantado.
6. ¿Te dejas llevar por lo que cuentan los críticos?
7. ¿Te interesa la vida que hay detrás del escritor?
8. ¿Qué te hace soñar de un libro?
9. ¿Acabas todos los libros, aunque no te gusten?
10 ¿Cómo explicarías tu amor por los libros?
   
   Gracias por todo.


domingo, 14 de diciembre de 2014

El perdón de don Quijote

Nuestro hidalgo, no solo es valiente y justo y caballeroso, también es bondadoso y comprensivo; por eso, ha perdonado mis ausencias y ha valorado mi lucha contra el tiempo. En este pulso, sigo con el brazo a punto de tocar la mesa, pero resisto, mantengo la distancia e, incluso a veces, me separo unos centímetros de la derrota.
   Como el sabe de encantamientos y pérdidas de batallas, perdona mis ausencias y me deja recapitular sus últimas andanzas en esta entrada "dominguera", que serán las que vengan de ahora en adelante.
   Mi última visita encontró con don Quijote enfurecido por la "cruda realidad" que salía de la boca de su escudero, refiriéndose a la supuesta reina Micomicona:
«yo tengo por cierto y por averiguado que esta señora que se dice ser reina del gran reino Micomicón no lo es más que mi madre; porque, a ser lo que ella dice, no se anduviera hocicando con alguno de los que están en la rueda, a vuelta de cabeza y a cada traspuesta». 
   La caballerosidad de don Quijote no podía consentir estas cosas y explotó como un tornado:
«-¡Oh bellaco villano, mal mirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! ¿Tales palabras has osado decir en mi presencia y en la destas ínclitas señoras, y tales deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginación?» 
   ¿Cómo acabó la cosa? Con las deudas pagadas por el cura y don Fernando, con la tormenta apaciguada por el buen decir de la discreta Dorotea, con una nueva trama urdida por todos para llevarse de vuelta a nuestro hidalgo, metido en una jaula y haciéndole creer que estaba en una prisión por obra de un encantamiento, y con la reconciliación de Sancho y su señor. Después, todos se despiden, se desean lo mejor, prometen escribirse, lo normal.

   ¿Cómo serán las próximas aventuras de nuestro caballero?: de vuelta a casa, con don Quijote enjaulado: «jamás he leído, ni visto, ni oído, que a los caballeros encantados los lleven desta manera y con el espacio que prometen estos perezosos y tardíos animales; porque siempre los suelen llevar por los aires (...)» y Sancho escamado: «Por Dios, señor -replicó Sancho-, ya yo los he tocado; y este diablo que aquí anda tan solícito es rollizo de carnes, y tiene otra propiedad muy diferente de la que yo he oído decir que tienen los demonios». Y en el camino de vuelta se encuentran con un canónigo y sus acompañantes que, claro está, quieren enterarse del por qué de esa extraña "procesión", y ya enterado de todo, le suelta una buena berborrea sobre los libros de caballerías que, al parecer, había leído de vez en cuando, y que no le gustaban "ni pizca": «-Verdaderamente, señor cura, yo hallo por mi cuenta que son perjudiciales en la república estos que llaman libros de caballerías;». Y bla, bla, y bla, bla...: «(...) y, aunque he leído, llevado de un ocioso y falso gusto, (...) jamás me he podido acomodar a leer ninguno del principio al cabo». Sí, sí, eso dicen todos: «¿Qué ingenio, si no es del todo bárbaro e inculto, podrá contentarse leyendo que una gran torre llena de caballeros va por la mar adelante, como nave con próspero viento, y hoy anochece en Lombardía, y mañana amanezca en tierras del Preste Juan de las Indias (...)?».
   Y así se pasan este capítulo XLVIII el señor canónigo y el señor cura, hablando de lo divino y lo humano sobre libros de caballerías contra grandes obras literarias, sobre memeces que gustan al vulgo y escritores que crean obras maestras. Solo por curiosidad, ¿a que esto os suena familiar?:
«Si estas que ahora se usan, así las imaginadas como las de historia, todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprueba por buenas, (...), y los autores que las componen y los actores que las representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, (...); y que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide, no sirven sino para cuatro discretos que las entienden, (...), y que a ellos les está mejor ganar de comer con los muchos, que no opinión con los pocos, deste modo vendrá a ser un libro, (...). Y, aunque algunas veces he procurado persuadir a los actores que se engañan en tener la opinión que tienen, y que más gente atraerán y más fama cobrarán representando comedias que hagan el arte que no con las disparatadas, (...), que no hay razón ni evidencia que dél los saque». ¡Ay! ¡Qué poco hemos cambiado!
   
Y para ir acabando con este reencuentro que he tenido con nuestro caballero, me despediré con el capítulo XLIX, una auténtica maravilla de diálogos entre la razón y la sinrazón, entre lo que ven los ojos de Sancho y lo que imaginan los de don Quijote. Dejamos a los dos hablando sobre las necesidades humanas:
«-(...) y así, porque hace al caso a nuestro cuento, pregunto, hablando con acatamiento, si acaso después que vuestra merced va enjaulado y, a su parecer, encantado en esta jaula, le ha venido gana y voluntad de hacer aguas mayores o menores, como suele decirse. -¡Ya, ya te entiendo, Sancho! Y muchas veces; y aun agora la tengo. ¡Sácame deste peligro, que no anda todo limpio!».
«-¡Ah -dijo Sancho-; cogido le tengo! Esto es lo que yo deseaba saber (...). De donde se viene a sacar que los que no comen, ni beben, ni duermen, ni hacen las obras naturales que yo digo, estos tales están encantados; pero no aquellos que tienen la gana que vuestra merced tiene. -Verdad dices, Sancho (...), pero ya te he dicho que hay muchas maneras de encantamentos, (...), y que agora se use que los encantados hagan todo lo que yo hago, aunque antes no lo hacían».
   El pobre Sancho está que no vive pensando en cómo liberar a su amo. Consigue que el señor cura le deje salir para "aliviarse" y, bajo palabra de honor de no escapar, don Quijote abandona su prisión, estira las piernas, hace lo que tiene que hacer y se dedica a discutir con el canónigo sobre libros de caballerías.
   Y aquí les dejamos: discutiendo, batallando, defendiendo posturas y admirándose mutuamente de la ignorancia del otro.
Gracias mi amable caballero por dejarme acompañarle de nuevo.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Un competidor para Anne Perry

No hacía falta que hojeara mi pequeña libreta de notas; tenía todas las sensaciones de este último libro en la punta de los dedos. El problema era trasladar lo bien que lo había pasado y cuánto había disfrutado a la pantalla del ordenador.
   Al más puro estilo Anne Perry, Carlos Poveda nos hace pasear por las calles de París, a principios del siglo XX, lo mismo en un edificio de un estupendo barrio con vistas a esa "nueva mole de hierros", resultado de la última exposición universal, que por los barrios más oscuros y bohemios de Montmartre. El gabinete del alquimista asesinado, el señor Bonancieux, envuelto en demasiados misterios, pone en contacto a personajes tan diferentes como Violeta, una aristócrata española, su ahijado Ulises, un joven negro y bohemio, y el detective Clouet, que no se fía ni de su sombra. 
   Maravillosamente escrito, con un lenguaje ligero, adecuado a cada personaje y momento, sencillo pero rico, me ha hecho disfrutar de los pensamientos de cada uno de los protagonistas, de las excelentes descripciones de ambientes y sentimientos, del misterio que rodea al asesinato, a la investigación y a los personajes.
   La verdad es que yo jugaba con ventaja; había sido una recomendación de mi "surtidora" oficial de lecturas, mi madre, que una vez más acertó de pleno, conociéndome como lo que es. Ella sabía que todo lo que rodeaba a la trama me iba a entusiasmar tanto como el propio argumento. Y es que no solo nos encontramos con una investigación de asesinato, sino también con diferentes mundos y clases sociales que conviven en la misma ciudad, a veces, sin cruzarse, otras, rozándose por culpa de las circunstancias: la vizcondesa Violeta y sus contactos en el gobierno de la República; el mundo bohemio de pintores y artistas que sobreviven como pueden mientras crean; las comisarias de policía de la época y sus "métodos" de presión; y la alquimia, el espiritismo, el vudú, algo que, en principio, podría hacernos chirriar los dientes y que, sin embargo, está perfectamente encajado en la historia y sobre lo que aprenderemos muchísimo de una forma natural y sencilla, sin grandes párrafos didácticos, sino dentro de las propias vivencias, deducciones y preguntas de los protagonistas.
   
   ¡Ah! Los protagonistas, ¡qué maravilla! Qué completos, que redondos, que reales. Desde el principio te encariñas con unos y detestas a otros; unas veces deseaba descubrir sus más ocultos misterios, que aparecen como pinceladas, y al mismo tiempo, temía encontrar algo que no me gustase, porque les había cogido cariño, les admiraba, me gustaba su forma de ser, su fuerza, o su misteriosa suerte y no quería verles cometiendo un asesinato. Verles moverse con esa soltura entre los personajes reales que aparecen en la novela, les daba todavía mayor realismo, mayor riqueza. Con ellos he aprendido sobre ciencias ocultas, sobre arte, sobre aquella Belle époque, lo sórdido de la política y las antiguas técnicas policiales, y sobre las vueltas que da la vida.
   Ir descubriendo pequeños detalles de la investigación al mismo tiempo que lo hacemos de los personajes me tuvo literalmente pegada al libro, hasta el punto de haber corrido el riesgo de terminar en la estación de Chamartín en vez de hacer trasbordo en Sol. Las pistas falsas, los que no son lo que parecen, los que te enamoran desde el primer capítulo, las calles oscuras, los cafés repletos de humo, las buhardillas llenas de cuadros a medio terminar, entre otras muchas cosas, crean una novela, a mi modo de ver, interesante, entretenida, a veces irónica, inquietante, misteriosa y siempre genial.
   Vuelvo la vista a mi pequeña libreta de notas que se ha quedado algo olvidada al lado del teclado. Pero todo me salía tan a borbotones que temía no poder explicar todo lo que había disfrutado si paraba. Espero hacerle más caso la próxima vez.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Mi tercer premio

Llevo varias semanas luchando contra el tiempo, pero siempre me vence él. Me enreda, me concede horas libres cuando no las puedo utilizar y me muestra todas las tareas pendientes para empujarme a la desesperación. Las pocas veces que soy yo quien lo controla, le veo una media sonrisa de... "espera que llegue el lunes, que te vas a enterar".
   Esto hace que esté tan alejada de mi blog últimamente, que lleve ese retraso tan enorme en visitaros y en publicar. Pero como sé que venceré, aquí está mi entrada dominguera, para no dar ninguna batalla por perdida.
   En este caso tiene que ver con el premio Best blog, concedido a aquellos blogs con menos de 200 seguidores, con la idea de darles a conocer. Pero más que el premio, lo emocionante fue ver como algunas amigas habían pensado en mí, a pesar de mis ausencias, y de mis faltas, y de mis errores... Allí estaban ellas, Lady Aliena, de Páginas y secretos Zazou Bibliomanías, de Bibliomanías y otros desvaríos y, según me ha chivado un pajarito, algún otro blog también se ha acordado de mí; pero no adelantemos acontecimientos. Ahora, contestaré a las preguntas de rigor que me hacen estas amigas. 
   Como es costumbre en estos premios, hay unas cuantas preguntas que contestar.
   Ahí van las respuestas a las preguntas de Lady Aliena:

1- ¿El mejor regalo que te pueden hacer es un libro?

Al menos, uno de los mejores, también me gustan las flores, los besos y los desayunos en la cama ;D. Por si alguien se da por aludido...Jejejeje.

2- Si te dieran un cheque regalo para gastar en libros, ¿en qué género lo gastarías?

En muchos, salvo casos excepcionales, me gusta cambiar de tercio, según el estado de ánimo.

3- ¿Conoces algún escritor de renombre?

¡Qué más quisiera yo! Snif.

4- Si escribieras un libro, ¿qué género elegirías?

Uf, ¡qué difícil! Supongo que me gustaría ser capaz de escribir una novela histórica, por aquello de mis orígenes como historiadora ;D.

5- ¿Libro antiguo o moderno?

Me da igual si es bueno. No hay edad para los libros.

6- ¿Te gustan las novelas autopublicadas?

Pues algunas sí y otras no. Como en todo, se cuela mucha falsedad, pero es buen sistema para conocer futuros grandes escritores.

7- ¿Prefieres libros autoconclusivos o sagas?

Las sagas me suelen dejar a medias. Prefiero principio y fin, pero sí me gustan las series, por ejemplo, esos protagonistas que vuelven a aparecer en libros posteriores.

8- ¿Autores españoles o extranjeros?

Siento más conexión con los patrios, pero si es bueno, me da exactamente igual.

9-¿Cuál es el peor libro que has leído?

Por desgracia, he leído más de uno, pero creo que el peor de todos es La lógica del vampiro, del cual no recuerdo ni al autor, pero sí sé que no entendí nada de lo que se contaba, y sigo sin entenderlo...

10- ¿Qué libro recomiendas para estas Navidades?

Cualquiera, mientras sea un buen libro. Es bueno que nos acostumbremos a regalar libros por Navidad. Ojalá se convirtieran en regalos tan comunes como los perfumes o las corbatas.
   Y aquí están las de Zazou:

1.- ¿Qué libro te hubiera gustado escribir?

Uf, un montón, pero... después de devanarme los sesos decidiendo, elijo Jane Eyre.

2.- ¿Qué libros guardas con especial cariño de tu infancia y adolescencia?

De mi infancia, los cuentos de los hermanos Grimm y de Perrault, y de mi adolescencia, Los cinco, Jane Eyre y los poemas de Becquer... ¡Qué pesada me ponía yo con los poemas!

3.- ¿Qué personaje de ficción te gustaría que fuera tu mejor amigo/a?

Creo que, Elizabeth Bennet, pero me dejo muchos más en el tintero, ¡qué conste!

4.- ¿Sigues otros blogs que no tengan nada que ver con la lectura? ¿Cuáles?

Pues sí, blogs que ayudan a manejarte en este mundo: Mamá quiero ser bloguer y Oye, Deb.

5.- ¿Qué personaje de ficción te gustaría ser?

Pues, no sabría decirte uno en concreto, pero sí sería una heroína fuerte, valiente y de ideas claras, justo lo que yo necesitaría ser ;)

6.- ¿Cuál es el mejor libro que has leído en tu vida?

Gracias a Dios, he leído muchos libros que han sido los mejores de mi vida. Pero hay uno al que me gusta volver, de vez en cuando, porque cada vez lo disfruto más: La Regenta.

7.- ¿Participas en algún club de lectura de tu pueblo o ciudad?

No, y me gustaría, pero me puede la vergüenza.

8.- ¿Qué novela escogerías para pasar una noche de miedo?

Las leyendas de Becquer, por supusto. Y algún relato de Poe, sin duda.

9.- ¿Te dejas guiar por las listas de los libros más vendidos a la hora de elegir tus lecturas?

No, casi nunca. Desde que sufrí El código da Vinci, me dejo guiar por consejos y por corazonadas.

10.- ¿Con qué escritor, vivo o muerto, te gustaría poder mantener una conversación que durase horas y horas?

Uf, con un montón, pero, en estos momentos, me encantaría compartir tertulia de café con Pemán, con Jardiel Poncela o con Edgar Neville. Posiblemente, dentro de unas semanas te diría otros, pero no ahora, no me preguntes porqué.
   Y aquí terminan estas "confesiones" como las ha llamado Zazou. Espero que perdonéis que no siga la cadena, pero el tiempo vuelve a tenerme contra las cuerdas. 
   Es curioso que, a través de algo tan intangible como Internet, sienta la amistad de estas blogueras, que parecen darme palmaditas de ánimo en la espalda para que siga batallando contra el tiempo. Terminaré venciendo, os lo aseguro.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Despertamos juntas, la señorita Prim y yo

Sé que este libro no es nuevo para muchos de vosotros; he leído bastantes reseñas sobre él. Desde la primera hasta la última, todas me crearon cierta sensación de nerviosismo, esa sensación que se tiene cuando sabes que hay algo que no debes perderte. Una y otra vez, me cruzaba con este historia tan parecida a uno de mis sueños preferidos: una antigua casa, un hombre misterioso y una biblioteca increíblemente maravillosa que me estaba esperando a mí, solo a mí, para que la pusiera de nuevo en marcha. Cuando, de repente, paseando entre las estanterías de una librería, vi los colores de la portada de El despertar de la señorita Prim, y supe que me lo llevaría a casa.
   Desde ese momento, devoré el libro hasta el final, disfrutando de cada página, de cada personaje, de cada descripción de los lugares y sitios en los que transcurría, de su estupendo lenguaje y forma de contar de su autora, y descubriendo, además, algunas cosas en común con esa bibliotecaria descreída, rigurosa y un poco marisavidilla. Esa susceptibilidad suya, pelín histérica, sobre comentarios del "señor del sillón", me resultaba tan familiar. 
   El ambiente de San Ireneo, un pueblo que parece sacado de un cuento de hadas, "pequeño reducto mágico donde cada uno puede realizar su sueño", parecía perdido en el tiempo, si no fuera por las referencias a los ficheros informáticos o a las multas de tráfico. El anuncio tan peculiar al que responde Prudencia (el único nombre posible que podía tener nuestra protagonista) despertaba ya todo un halo de misterio y curiosidad: encargarse de la biblioteca de un caballero que no deseaba ninguna experiencia ni títulos universitarios. "El hombre del sillón", nombre y apellido de nuestro cultivado y misterioso protagonista, irá conquistando poco a poco el espíritu de Prudencia, a pesar de ella misma, igual que el resto de habitantes de este pueblo, que han conseguido vivir de espaldas al resto del mundo, haciendo, cada uno, lo que más le apetecía y abandonando unas vidas que les hacían infelices. 
   Poco a poco, Prudencia va conociendo a todos ellos y nosotros la vamos conociendo a ella. La vemos pasar de una sensación de inseguridad ante lo que no conoce y no comprende: "enderezó la espalda y cuadró la mandíbula"; para ir acercándose cada vez más a la visión del mundo de San Ireneo. Y no me extraña, porque yo sentía unas ganas locas por salir pitando hacía allí: "una ingente cantidad de libros, se apiñaban sobre mesas y estanterías (...), entre enormes fajos de papeles, viejos mapas, fósiles, minerales y conchas marinas". Todo envuelto en un aire muy "brithis", incluso en el clima, donde la hora del té se convertía en toda una ceremonia y la liga feminista del pueblo, al más puro estilo Miss Marple, se encargaba de velar por la felicidad y necesidades de las mujeres del lugar: desde buscarles marido hasta liberarlas de un jefe tirano. 
   Prudencia y yo veíamos como se derribaban ciertos principios que teníamos establecidos como "verdades absolutas": la rutina acaba con el matrimonio, la fe muere con la intelectualidad, la igualdad en una pareja es lo que la une... Principios que empezaron a tambalearse también en mi cabeza, ¿la fuerza de San Ireneo traspasaba las páginas? Posiblemente, o tan solo descubrí que compartía con ellos más cosas de las que pensaba y que había ido olvidando al dejarme llevar de las ideas de la mayoría. 
   Sea como sea, me dejé envolver por la historia, el lugar, los personajes, y me fui enamorando poco a poco del señor del sillón, igual que lo hacía Prudencia, aunque yo lo hice desde el principio: él era mi "Darcy" particular.
   Y, de repente, según se acercaba el final, empecé a notar cierta pendiente en la historia; algo empezaba a decaer y no sabía bien porqué. El pueblo empezó a resultarme demasiado idílico: producción propia de calidad, negocios que siempre funcionan, abastecimiento siempre garantizado. Las reflexiones de algunos personajes empezaban a parecerme demasiado "encriptadas" y el sabio monje del monasterio más me parecía un lama que un cartujo. Algo empezaba a perder frescura. Pero allí estaban los diálogos entre los dos protagonistas, siempre ácidos, curiosos y con doble sentido, para reconciliarme de nuevo.
   Cuando llegó la hora de cerrar el libro, me sentí bastante sola, como cuando te sientas en el tren camino de vuelta de las vacaciones, dejando en el andén a los que han sido tu familia durante todo un mes. Allí se quedaban los habitantes de San Ireneo, en la búsqueda de la felicidad, mientras yo me quedaba pensando en un posible viaje a Italia.

P.D.: Por cierto, yo tampoco creo que Darcy sea perfecto, pero eso es lo que le hace único.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Con los pies en la tierra a través de los libros

Cuando la mitad de tu vida la pasas unas veces entre sueños, mientras duermes, otras entre trenes y metros, mientras viajas, tu otra mitad necesita echar un lazo a la realidad, sentir cierta unión con lo que de verdad pasa a tu alrededor. Yo lo he conseguido con los libros.
   Abro los ojos, sobresaltada por el despertador, y se me llenan de luces y sombras que tardan mucho en marcharse. Con la taza de café caliente entre las manos y un par de galletas dispuestas para mojar, solo consigo despertarme cuando algún párrafo del libro de turno hace que mi cerebro se active. Después, los pasos de la rutina (la ducha, la ropa, el abrigo) solo sirven para trasladarme de mi casa al tren. Ya sentada, vuelvo a tomar conciencia del espacio en el que estoy, de la vida que gira a mi alrededor, cuando siento las hojas de papel en los dedos o, un frenazo en seco hace que pierda la línea de lectura y mire a través de la ventana. La luz del sol está luchando por salir y todo parece un poco fantasmagórico. Así que vuelvo la vista a la lectura y me encuentro de nuevo con esa conversación que había dejado a medias, y regreso de nuevo a donde me encontraba tan a gusto, tan completa.
   Los distintos mundos que encuentro en mis lecturas son los que me dan la continuidad que necesito para saber dónde estoy. No quiero cortes en seco en la marcha del día, necesito saber que, en todo momento, estoy dentro del mundo que he ido formando paso a paso, y eso lo consigo mediante un libro al que poder acudir para mantener esa continuidad. Mi día pasa entre un sitio y otro; un momento estoy trabajando en el ordenador, otro instante viajo en metro o en tren, a la hora siguiente estoy en clase de idiomas... ¿Cómo no voy a encontrar mi auténtica casa dentro de un libro? Ese hogar me lo puedo llevar a cualquier parte, y es el  único espacio que va siempre conmigo, esté donde esté.

martes, 18 de noviembre de 2014

Capítulo XLV: Y don Quijote volvió a tomar las riendas

Y es que llevábamos ya demasiados capítulos sin que nuestro hidalgo se explaye con sus locuras. Así que esta ocasión, con la venta a rebosar de espectadores, era tan buena como cualquier otra.
   Con el recién llegado barbero, porfiando y porfiando sobre su bacía y su albarda, y con el resto de los alojados en la venta, hartos ya de tantos momentos de tensión y emociones como habían vivido, el ambiente "pedía marcha":
"Nuestro barbero, que a todo estaba presente, como tenía tan bien conocido el humor de don Quijote, quiso esforzar su desatino y llevar adelante la burla para que todos riesen". 
   A él se sumaron todos los que conocían la locura de nuestro amigo, dando la razón a don Quijote sobre el yelmo de Mambrino, pero los había que no tenían ni pajolera idea de qué iba el asunto y ya empezaban a perder la paciencia:
"Oyendo esto uno de los cuadrilleros que habían entrado, que había oído la pendencia y quistión, lleno de cólera y de enfado, dijo: Tan albarda es como mi padre; y el que otra cosa ha dicho o dijere debe de estar hecho uva".
   Pero... ¡Alma cándida! A quién se le ocurre provocar así a nuestro amigo don Quijote, él que no necesita excusas para enfrentarse a los "follones" que se atrevan a ofender las leyes de la caballería. Pues, claro, pasó lo que tenía que pasar:
"El ventero, (...), entró al punto por su varilla y por su espada,(...); los criados de don Luis rodearon a don Luis, porque con el alboroto no se les fuese; el barbero, viendo la casa revuelta, tornó a asir de su albarda, y lo mismo hizo Sancho; don Quijote puso mano a su espada y arremetió a los cuadrilleros. (...). El cura daba voces, la ventera gritaba, su hija se afligía, Maritornes lloraba, Dorotea estaba confusa, Luscinda suspensa y doña Clara desmayada. El barbero aporreaba a Sancho, Sancho molía al barbero; don Luis, a quien un criado suyo se atrevió a asirle del brazo porque no se fuese, le dio una puñada que le bañó los dientes en sangre; el oidor le defendía, don Fernando tenía debajo de sus pies a un cuadrillero, midiéndole el cuerpo con ellos muy a su sabor. El ventero tornó a reforzar la voz, pidiendo favor a la Santa Hermandad: de modo que toda la venta era llantos, voces, gritos, confusiones, temores, sobresaltos, desgracias, cuchilladas, mojicones, palos, coces y efusión de sangre".
   ¿Se puede reflejar mejor el caos que se vivía en esa venta? Lo veo difícil, la verdad. ¡Qué maestría para trasladarnos el jaleo y la confusión en un solo párrafo!
   Entre locura y locura e imaginación e imaginación, nuestro amigo vuelve a tomar las riendas, después de "liarla parda", para poner un poco de cordura, ¡qué ironía!:
"¿No os dije yo, señores, que este castillo era encantado, y que alguna región de demonios debe de habitar en él? En confirmación de lo cual, quiero que veáis por vuestros ojos cómo se ha pasado aquí y trasladado entre nosotros la discordia del campo de Agramante (...) y todos peleamos, y todos no nos entendemos. Venga, pues, vuestra merced, señor oidor, y vuestra merced, señor cura, y el uno sirva de rey Agramante, y el otro de rey Sobrino, y pónganos en paz; porque por Dios Todopoderoso que es gran bellaquería que tanta gente principal como aquí estamos se mate por causas tan livianas".
Después de esto, la solución al jaleo y el riesgo en el que se coloca don Quijote, es algo que merece la pena leer por uno mismo. Así que, ¡venga! Ánimo. No os quedéis con la intriga.

domingo, 16 de noviembre de 2014

I Encuentro de Novela Romántica Ciudad de Alicante

Con este título, recibía, hace ya algunos días, un correo en el que Leo Mazzola me informaba sobre la posibilidad de participar en este encuentro de autores y blogueros, el próximo mes de diciembre. Podía hacerlo de dos formas, o asistiendo personalmente al encuentro (qué más quisiera yo que poder pasar unos días en Alicante), para conocer a los autores que participan, oírles hablar de sus obras, quizás participar en alguna charla con ellos, etc. O, podría hacerlo a través de mi blog, que es la opción que me permiten la distancia y el tiempo. 
Y digo autores y blogueros porque, según me cuenta Leo en su correo, este encuentro tienen la intención de ser: "un evento en el que los blogs literarios por fin van a tener su representación y voz propia en reconocimiento a su imprescindible labor en la difusión de los autores y sus obras".
   Así que, aquí estoy, presentándoos este encuentro que dirige el propio Leo y que tiene como madrina a la escritora Arlette Geneve, finalista del premio Planeta 2008. Un programa que, a través de una fotografía de lo más sugerente, hace que la ciudad nos invite a disfrutar, no solo de toda la literatura que se concentrará entre las paredes del Auditorio del Centro Imaginalia, donde tendrán lugar todos los actos, sino también a disfrutar de una actuación de danza contemporánea, gracias al grupo La Florida, además de a la presentación de la obra de la madrina de este encuentro.
   La verdad es que todo tiene una pinta estupenda y si no fuera por los kilómetros que nos separan, posiblemente yo también estaría allí, aprendiendo de las experiencias de los escritores que acudirán, conociendo sus obras y, porqué no, disfrutando de algún que otro paseo por la orilla del mar.

I Encuentro de Novela Romántica Ciudad de Alicante
Sábado 20 de diciembre de 2014
Madrina del evento, Arlette Geneve
Director del certamen, Leo Mazzola

Toda la información que necesitéis la podréis encontrar en esta dirección: http://eralicante.blogspot.com.es/p/blog-page_51.html.

martes, 11 de noviembre de 2014

Capítulos XLIII y XLIV: ¡Madre mía! ¡Cómo está la venta!

¡Madre mía! ¡Cómo está la venta en estos dos capítulos! No cabe un alfiler. Lo que se suele decir: "lleno hasta la bandera".
   Allí teníamos a los Cardenios, Doroteas y compañía; a don Quijote, Sancho y el resto de la pandilla manchega; a los venteros y criados; al cautivo, su hermano, la mora, etc; al oidor y a su hija; y por si esto fuera poco, está también el mozo de mulas que resulta ser un joven enamorado de la señorita Clara y que la viene siguiendo desde... ¡Vaya usted a saber! Para rematar la faena, aparecen unos caballeros que vienen buscando al jove mozo de mulas que, ¡oh cielos!, es el hijo de un señor muy principal. ¡Quién lo iba a decir! Como el lío era pequeño, don Quijote, bastante recuperado de sus últimas aventuras, decide dedicarse a velar las armas en los muros de ese "descomunal castillo", a la luz de la luna y a sabiendas de los encantamientos que guarda. 
   Esta es una de las cosas me más me gustan del Quijote, la facilidad con que don Miguel nos monta un circo de tres pistas como si fuera la cosa más natural del mundo, como si, todos los días, se reunieran en una venta manchega, gentes de todo tipo y procedencia; allí, juntitos, para contarse los unos a los otros, sus aventuras y desventuras.
   Pues esto, amigos, es lo que me he encontrado estas dos últimas semanas, la virtud de rizar el rizo del señor Cervantes, además de una "travesura" más de Maritornes y su señora contra don Quijote, ¡el pobre!, convencido siempre de estar bajo el hechizo del peor de los encantamientos. Eso sí, sin perder nunca de vista las nobles reglas de la ley de caballerías.
   ¡Ah! Me olvidaba. Hubo otro invitado de última hora en este "camarote de los hermanos Marx! Aquel pobre barbero, al que don Quijote quitó su bacía y Sancho su albarda. En fin, don Miguel iba cerrando las distintas novelas intercaladas como un gran entremés cómico. ¿Alguien da más?
   ¿Los habéis disfrutado tanto como yo?


domingo, 9 de noviembre de 2014

El ladrón de tumbas

He estado un buen rato mirando fijamente la página en blanco, sin saber muy bien qué podía escribir sobre este libro. He borrado, más de una vez, la línea que acababa de escribir. ¿Es un libro tan difícil? Para nada, al contrario; es un libro fácil de leer, aunque el lenguaje me haya resultado a veces un poco redicho, con todos esos "mas" sin acento, en lugar de un buen "pero"; y bastante raro al haberle quitado todos los "de que", hiciera falta o no. Entonces, ¿la historia ha sido aburrida? ¡Qué va! Un chico que crece acompañando a su padre y a su abuelo a robar las tumbas de los antiguos gobernantes de Egipto, en medio de la noche, en pleno desierto, y sabiendo que, si los pillan, serán condenados a las peores torturas por cometer el peor delito que se podía cometer. Y que luego crece y aprende y vive experiencias vetadas al pueblo llano. En absoluto. ¿Las expectativas eras mayores de lo que han sido al final? Pues... Es que no tenía unas expectativas fijas: hablaba del antiguo Egipto, y eso, para mí, era más que suficiente. No, no ha sido nada de eso. Pero no consigo saber exactamente que es lo que me ha faltado en este libro. 
   No puedo decir que el argumento sea aburrido, porque mentiría como una bellaca; tiene escenas de auténtica intriga. Pero, otras veces, se me iba el santo al cielo en alguna que otra conversación entre los protagonistas.

   Tampoco puedo decir que esté mal documentado, porque seguiría mintiendo, en este caso, "con premeditación y alevosía", es decir, con mala uva. La descripción de las antiguas tumbas y de las necrópolis, la recreación de las calles de la ciudad o de la vida diaria de sus habitantes, los desfiles del faraón y sus tropas, la descripción de las batallas, la vida en el Nilo, que lo dominaba todo, son buenísimas. Sin embargo, yo y solo yo, he tenido la sensación de estar leyendo trocitos de otras historias anteriores, como una especie de max-mix con el estribillo de Sinué el egipcio, una estrofa de El conde de Montecristo y alguna que otra nota de Los diez mandamientos
   Si la parte histórica estaba bien hilvanada con la trama y no interrumpía en absoluto la marcha de lo que es el argumento de la novela, la cantidad de notas de referencia sí lo hacían y confieso que me han puesto un poquito de los nervios. Aunque necesarias, algunas podían haberse evitado.

   Es indudable que la vida del protagonista es de lo más interesante, yendo de la pobreza más absoluta a la amistad del hijo del faraón, por otro lado, demasiado "campechano" para ser el hijo de un dios, tal y como se consideraba al faraón. Sin embargo, me hubiera gustado algo más de asalto a las tumbas. Sí, lo sé, suena macabro, pero no os podéis imaginar la habilidad que debían tener aquellos ladrones para burlar todas las trampas que existían en una pirámide o tumba real. Los arquitectos inventaban de todo para que el difunto se llevara al más allá todo lo que había "amasado" en el más acá. ¡Pobres! No sabían que había que buscarse las mañas para "reciclar" tanta riqueza.
   
   En fin, no quiero extenderme más. ¿He disfrutado del libro? Sí. ¿Cómo para tirar cohetes? No. Pero ya sabéis lo que dice el refrán: "Cada uno cuenta la feria según le va en ella". Ahora os toca a vosotros contadme la vuestra.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Buñuelos y Tenorio

Ayer fue noche de difuntos. La tradición (nuestra tradición) dice que las ánimas de los muertos abandonan los cementerios para dirigirse a su destino final. En esta noche, muchos pueblos de España se reúnen para rezar por esas almas, aunque, finalmente, todo acabe en fiesta y reuniones, más que en rezos y rosarios. 
   Hay lugares en los que se recorren las calles acompañados de velas y cánticos; hay otros en los que se asan castañas y se cuentan historias; en otros, los vecinos se juntan en la plaza para recordar a sus difuntos y para recorrer, después, las casas de sus vecinos intercambiando dulces o frutos secos; y hay lugares en donde don Juan resucita, año tras año, enamorando a doña Inés e invitando al difunto padre de esta a una lúgubre cena, para ver después cómo su propio cadáver recorre las calles de Sevilla hasta llegar al cementerio.
   Anoche, fue una de esas noches misteriosas que Becquer narró en alguna de sus leyendas. Fue también, la noche que Walt Disney inmortalizó en su primera Fantasía, con las ánimas arrastradas al Averno y la música de Modest Músorgski (Una noche en el Monte Pelado) acompañándolas. Anoche, muchos creyentes rezábamos por todos aquellos que habían estado en nuestras vidas y a los que deseábamos una vida eterna en paz. Anoche, y también durante el día, fue uno de esos momentos en los que nos ponemos ciegos de buñuelos de viento y huesitos de santo, arrepintiéndonos luego de haber sido unos zampabollos de cuidado, sabedores de que se nos quedarán en las caderas para siempre.
   Ayer fue un día especial para quienes recuerdan con cariño a sus seres queridos y les visitan con flores en su "última morada", un día especial en nuestra cultura y nuestra tradición, y me parecía que se merecía una mención.

jueves, 30 de octubre de 2014

Refranes

Sentada en las rodillas de mi abuelo, mientras me enseñaba a enrollar la cuerda alrededor de la peonza, estaba más pendiente de los refranes con los que me aconsejaba que de la forma en que tendría que lanzarla después, para hacerla girar tanto que sus colores se confundieran con tanta vuelta. Evidentemente, el lanzamiento era un fracaso, pero el refrán se había quedado en mi cabeza, bien instalado y cómodo: "quien mucho corre pronto para, así que paciencia". Y ahí lo tengo todavía.
   Siempre me han parecido tan redondos, tan precisos a la hora de expresar un sentimiento o una idea, un poco lejanos a veces, cuando la experiencia en la que se basan cambia y tienen que adaptarse o desaparecer.
   Con los nuevos aires de modernidad que nos caracterizan y lo gran cosmopolitas que somos ahora, los refranes nos suenas a algo antiguo, con olor a polvo y un poco rancios, propios de provincias y pueblos pequeños donde se mantiene el polvo de la dehesa. Por tanto, los olvidamos, y los sustituimos por excelentes expresiones tomadas de frases célebres o de citas famosísimas y, así, mostramos nuestro gran nivel cultural. Como no quiero ser una mala pécora confieso que, en otras ocasiones, simplemente, nuestro entorno nunca los ha utilizado y, por tanto, apenas los conocemos.
   Sea como fuere, la ocasión la pintan calva y acaba de salir al mercado librero Dichosos dichos, de Editorial Ariel, en donde tres profesores universitarios han recogido, no solo refranes, sino todo tipo de dichos y expresiones populares que llevan siglos utilizándose en una auténtica tradición oral, que es aquella que sale del alma directamente por la boca, sin traje editorial ni moda literaria, tan solo procedente de lo aprendido en las rodillas de nuestros abuelos.
   Estos profesores, bajo el seudónimo de Victor Amiano, han querido mostrarnos cuanta sabiduría de siglos está contenida en estas expresiones, cuál es su significado y por qué las usamos. Con este libro aprenderemos cómo muchas de nuestras expresiones son los rescoldos de antiguas fábulas romanas, por ejemplo, o restos de antiguos textos de Homero o de Virgilio que se quedaron en la memoria colectiva. Porque no solo heredamos los ojos negros de nuestro padre o la nariz respingona de nuestra madre, también heredamos la cultura de nuestros antepasados, esa que conservamos o perdemos dependiendo de cuánto conozcamos nuestra propia historia. Esta puede ser una buena ocasión para averiguar un poco más de nuestro bagaje cultural, tan válido y rico como el que más. ¿Por qué no valernos de él? Quizás, después de este libro, nos veamos algún día con nuestros nietos en las rodillas diciéndoles: "quien mucho abarca, poco aprieta, así que aprende primero a enrollar la cuerda y después aprenderás a lanzar la peonza". ¿Habrá peonzas entonces? No lo sé, pero estoy segura de que habrá refranes.

martes, 28 de octubre de 2014

Capítulos XLI y XLII: Y se resuelve la historia del cautivo, y se resuelve bien

Pensabais que volvería a fallar otro martes más, ¿a qué sí? Pues no, aquí estoy, a pesar de los pesares. 
   Como nuestro caballero andante, yo también he tenido que luchar contra molinos de viento, aunque me he llevado menos palos y he salido mejor parada. Así que "sin más dilación", me pongo manos a la obra.
   Dado el retraso de mis lecturas quijotescas y, como seguro ya os habréis puesto al día con las estupendas entradas de otros blogs, yo solo os diré que me he quedado a cuadros con la maestría de nuestro amigo don Miguel para enlazar unas historias con otras y concluirlas en el mejor final posible.
   Además de contarnos todas las aventuras por las que pasa nuestro protagonista, el capitán Ruy Pérez de Viedma, más conocido como "el cautivo", su enamorada, la mora Zoraida, y el resto de los cautivos liberados, también nos da algunas pinceladas de costumbres de aquellas tierras en las que él mismo estuvo cautivo:
"(...) la primera persona con quién encontré fue con su padre, el cual me dijo, en lengua que en toda la Berbería, y aun en Costantinopla, se halla entre cautivos y moros, que ni es morisca, ni castellana, ni de otra nación alguna, sino una mezcla de todas las lenguas con la cual todos nos entendemos;".
"(...) salió de la casa del jardín la bella Zoraida, la cual ya había mucho que me había visto; y, como las moras en ninguna manera hacen melindre de mostrarse a los cristianos, ni tampoco se esquivan, como ya he dicho, no se le dio nada de venir adonde su padre conmigo estaba".
   Además de todas las aventuras a las que se enfrentan hasta llegar a España, también se nos cuentan los felices encuentros que, como propios de la época, tienen lugar en una buena historia de enredos y aventuras. 
   Y así, el cautivo termina su historia ante los allí reunidos y se inicia otra con un oidor que llega a la venta acompañado de sus hija (una venta que cada vez se parece más al camarote de los Marx). ¿Quién es este oidor? ¡Ah, milagro! En un nuevo giro de tuerca, don Miguel reune al cautivo con su hermano, el hombre de letras, presentado aquí como el oidor: ahí queda eso. Quien diga que nuestro autor no tiene mecanismos para tener encandilado al público durante tantas páginas, miente "cual bellaco".
   Pero no contento con esto, hace su aparición don Quijote, en medio de abrazos y suspiros de alegría, quien, más confundido que todos los presentes, está seguro de ser víctima de algún encantamiento de ese increíble castillo, y siempre atento a las normas de caballería:
"(...) se ofreció a hacer la guardia del castillo, porque de algún gigante o otro mal andante follón no fuesen acometidos, codiciosos del gran tesoro de hermosura que en aquel castillo se encerraba. Agradeciéronselo los que le conocían, y dieron al oidor cuenta del humor estraño de don Quijote, de que no poco gusto recibió".
   Tanto como todos los que disfrutamos cada semana de estas geniales historias.

jueves, 23 de octubre de 2014

Peticiones: Pasó la noche, amor

La última editorial en dirigirse a mí para presentarme uno de sus libros ha sido la Editorial Carena, con la obra Pasó la noche, amor, de José Miguel Núñez Moreno.
   Esta novela, que transcurre en los tiempos anteriores a la guerra civil, fue finalista en el Premio Hispania de Novela Histórica, en 2013, y en ella el autor nos cuenta la historia de un amor "más fuerte que la muerte". 
   Esta declaración tan firme ya me hizo pararme unos segundos a leer el argumento. Después, cuando leí que se basaba en hechos y personajes reales, me pareció que merecía, al menos, una entrada en mi sección Lo que me llega para que presentarla a todos los que os pasáis por aquí.
   Este es el argumento:
"Bartolomé es un personaje de trazos poderosos, sindicalista y activista, comprometido en primera línea en la transformación social de su tiempo y católico, este último rasgo condicionará su vida y su muerte; y Carmen es una mujer en plena crisis personal en la España de los años ochenta, que se verá involucrada en un descubrimiento inesperado y revelador que le hará emprender un viaje interior y que cambiará su propia vida. Esta es la historia de un amor-más-fuerte-que-la-muerte, de sueños y traiciones, de compromiso social y conquista de libertades. En un mundo convulso y políticamente inestable, la pasión de una joven pareja se abre al alba de un nuevo día tras una noche que parecía sin final".
 
 Y este es su autor:
José Miguel Núñez Moreno, es un teólogo nacido en Mérida (1963). Es licenciado en Filosofía por la Universidad de Granada en 1995 y doctor en Filosofía por la Universidad Hispalense de Sevilla en 2010. Vinculado a los salesianos y al Colegio Mayor Universitario San Juan Bosco de Sevilla, es educador y profesor universitario, autor de numerosos ensayos en torno al mundo educativo y juvenil. Ha publicado recientemente Cien palabras al oído (2012) y A vueltas con Dios en tiempos complejos. 
   Y ahora... Mucha suerte a Miguel.

domingo, 19 de octubre de 2014

Y llegó la RAE con sus reformas

No daba crédito a lo que oía. Era incapaz de cerrar la boca, la pobre mía llevaba abierta de par en par un buen rato. Mis ojos, como dos platos soperos, no dejaban de mirar la pantalla del televisor, mientras los periodistas que daban la noticia, repetían una detrás de otra, las nuevas incorporaciones de la RAE a nuestro "increíble" idioma.
   Sí, increíble, porque no creo que haya otro idioma en el mundo que aguante los envites que recibe el nuestro. Al menos, creo que hay pocos tan flexibles y de manga tan ancha. Aquí todo cabe: lonchera (¿tartera?), limpiavidrios (¿limpiacristales?), coach (¿entrenador?), gourmet (¿gastrónomo?), conflictuar (confieso mi ignorancia en cuanto a esta). 
   Después de varios sorbos de agua, he conseguido recuperar el aliento; al parecer, su incorporación se debe a su uso, al menos, en tres países de habla hispana. Menos mal, tres países entre veinte o veintiuno que tienen el español como lengua oficial no es mala media.
   Al parecer, la Real Academia de la Lengua, esa que "limpia, fija y da esplendor" considera que había que "remozar" el vocabulario español que andaba algo anticuado. Por eso mismo, han incluido, por ejemplo, chupi, palabra moderna donde las haya; mi madre está loca de contenta al saberse tan al día. 
   Otras grandes aportaciones a nuestro idioma han sido las palabras "de moda" en los últimos años: amigobio, papichulo, mileurista, cajonear o famoseo. Les deseo a todas ellas (excepto a mileurista) una vida lo suficientemente larga como para estar en la próxima edición del diccionario, por aquello de no andar con tanto trajín de quita y pon.

   Como en esta insigne institución hay gente de mucha valía, se han dado cuenta de algunas acepciones antiguas y rematadamente incorrectas de algunas palabras como femenino (débil, endeble) o masculino (varonil, enérgico) y las han retirado. Además, han incluido otras que todo el mundo usa desde que reinó Carolo: birra, cagaprisas, positividad, gorrilla, espanglis...
   Es indudable que existen miles de palabras que usamos a diario en el habla coloquial (que no lengua) y que estas palabras son diferentes en los diferentes países. Es indudable también que todo lo referente a internet y a las redes sociales se van a quedar siempre con nosotros porque definen elementos que antes no existían. Pero también es indudable que la lengua cambia con una rapidez vertiginosa y que muchas palabras pasan de moda con la rapidez del rayo. ¿Qué la RAE va siempre por detrás de la realidad del momento? Personalmente creo que así debe ser, en parte, porque ella es la que estudia la evolución del idioma, lo que se incorpora y lo que se rechaza, y para eso hace falta tiempo. Y, si como dice la canción "veinte años no es nada", imaginaos trece, que fue su última renovación. Pero todo esto solo son elucubraciones personales de alguien que siente que su idioma está cada vez más vapuleado y más maltratado y no ve el remedio.
   Por suerte, hay una palabra nueva que me ha reconciliado en parte con nuestra academia: Serendipia. Nuestra amiga Mónica está de enhorabuena.

jueves, 16 de octubre de 2014

El llanto de la isla de Pascua

Foto tomada de www,altiviajes.cl
José Vicente Alfaro tiene la habilidad de elegir esos temas que me traen por la calle de la amargura: países lejanos y culturas exóticas. 
   Hace tiempo volví del Tibet bastante contenta con la experiencia y hace apenas un par de días que he llegado de la Isla de Pascua con la cabeza llena todavía de su magia y su misterio.
   José Vicente tiene una forma de contar muy cercana, ligera y fácil que me ha hecho disfrutar mucho de la descripción de algunos paisajes verdaderamente increíbles: describe una puesta de sol que se ha convertido en un sueño que quisiera cumplir. Me ha hecho trepar por paredes escarpadísimas, arrastrarme por cuevas profundas, enfrentarme a una acusación de asesinato y, lo que más me ha gustado de todo, participar en una excavación arqueológica.
   Bueno, realmente todo esto lo ha hecho Germán Luzón de Estrada, un importante arqueólogo español que, mientras forma parte de un gran proyecto de excavación, no solo ve como cambia su vida profesional sino también la personal, además de sentir sobre sí mismo todo el peso de los misterios encerrados en la cultura rapanui. Pero lo he vivido como si hubiera sido yo misma.
   El autor nos mete de lleno en esta cultura intercalando sus aventuras con pequeños relatos contados por los habitantes originarios de la isla. Además ha elegido una de las posibles teorías sobre el origen de la cultura rapanui y de sus famosísimas esculturas y nos la cuenta a través de sus conversaciones con la pequeña Maeva, lo que lo hace más ameno y no interrumpe la marcha natural del argumento.
   He echado en falta, sin embargo, un poco más de pasión y sentimiento en algunas escenas realmente intensas, como un hecho crucial en la vida del protagonista o en el momento en que peligra su vida. Pero el ritmo ágil de la historia te hace seguir adelante para seguir descubriendo lo que pasa.
   La historia es de lo más interesante, os lo aseguro, de estas que te atrapan en cada capítulo, aunque me hubiera gustado un poco más de profundidad en los personajes que la protagonizan. Había aspectos de sus vidas que apenas aparecían y que les hubieran dado más carácter. 
   El detalle de Alfaro en la descripción de los paisajes, de los rituales rapanui, de las calles de la ciudad es absoluto y todavía tengo en mi mente las imágenes que me he creado sobre esta isla. Ha sido sin duda, el aspecto que más he disfrutado del libro.
   Y aunque el final me haya parecido un tanto atropellado y lo hubiera agradecido más elaborado, he disfrutado de esta novela sin ninguna duda. Posiblemente haya sido por esto por lo que me quedé con ganas de más, porque me ha sabido a poco.

martes, 14 de octubre de 2014

Capítulo XL: Y el cautivo continua...

Es que se trata de una larga historia, y con mucha miga. ¡Claro! Esto va a necesitar de varios capítulos porque, además de que don Miguel luzca dotes de poeta con dos preciosos sonetos, el cautivo tiene que conocer a la mora misteriosa, reunir dineros para su rescate, explicarnos como funcionaba esto de ser cautivo en Argel y organizar la fuga de él y sus compañeros cautivos, además de un renegado que se les ha unido.
En fin, como veréis, hay mucha tela que cortar. Os dejo algunas de las "perlas" que he encontrado en el capítulo. Disfrutadlo.
"Primero que el valor faltó la vida
en los cansados brazos, que, muriendo, 
con ser vencidos, llevan la vitoria".
"Sólo libró bien con él un soldado español, llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcanzar libertad, jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra; y, (...), temíamos todos que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez;".
"Yo soy muy hermosa y muchacha, y tengo muchos dineros que llevar conmigo: mira tú si puedes hacer cómo nos vamos, y serás allá mi marido, si quisieres, y si no quisieres, no se me dará nada, que Lela Marién me dará con quien me case".
"El verdadero Alá te guarde, señora mía, y aquella bendita Marién, que es la verdadera madre de Dios y es la que te ha puesto en corazón que te vayas a tierra de cristianos, porque te quiere bien. (...). De mi parte y de la de todos estos cristianos que están conmigo, te ofrezco de hacer por ti todo lo que pudiéremos, hasta morir. (...). A lo que dices que si fueres a tierra de cristianos, que has de ser mi mujer, yo te lo prometo como buen cristiano; y sabe que los cristianos cumplen lo que prometen mejor que los moros".
"Dimos luego quinientos escudos al renegado para comprar la barca; con ochocientos me rescaté yo, dando el dinero a un mercader valenciano que a la sazón se hallaba en Argel, el cual me rescató del rey, tomándome sobre su palabra, (...)".

domingo, 12 de octubre de 2014

Palabras malditas

Hace mucho tiempo ya que siento "el corazón partío" cuando leo o escucho alguna patada al idioma, este hermisísimo idioma lleno de palabras precisas, ricas y cargadas de matices y sentimientos durante siglos, en los que han sido capaces de expresar los pensamientos de miles de hablantes, con bastante éxito, tengo entendido. Soy consciente de que sus virtudes no se libran de las modas y que todo evoluciona por las nuevas cosas que surgen y que deben ser nombradas para que existan. 
   Pero la imitación, como monos, de lo que vemos en otros, sin motivo, sin necesidad, no es una evolución natural del idioma y rechazar la estructura de tu lengua, que solo refleja la estructura de tu pensamiento, solo por ser diferente de la masa o por identificarte con un grupito "guay", tampoco lo es; eso es enobismo.
   Entre las últimas modas leguarias, me he encontrado con el rechazo hacia ciertas palabras de las que no consigo ver "su pecado" para que se las considera malditas. Una es la preposición durante, y las otras los artículos.
   Ya no vivimos en un sitio durante unos años, sino por años. Tampoco permanecemos en un sitio durante mucho o poco tiempo, sino por tanto o cuanto tiempo. No esperamos el autobús o el metro durante veinte o treinta minutos sino por tanto o cuanto. Y, si bien es cierto, que en ocasiones son intercambiables, también lo es la carga semántica que les diferencia y la precisión de uno sobre otro. ¿O es lo mismo trabajar durante horas que hacerlo por horas? ¿Por qué privarnos de esa riqueza?
   Y si hablamos de los artículos, ¡Ay! Pobres míos. Algo muy grave deben de haber hecho para que se los carguen de un plumazo.
   Los niños guays de hoy en día no juegan al fútbol, sino a fútbol. Los mayores tampoco jugamos a las cartas, sino a cartas. Echamos bronca por mal comportamiento, pero jamás se nos ocurriría echar una bronca por el mal comportamiento de fulanito. Nos cogemos gran cabreo por esto o lo otro, nunca hay que ser tan ordinario como para cogerte un cabreo del quince.
   En fin, quizás no sean unas reflexiones muy relajantes para una mañana de domingo, ni tampoco muy importantes para la marcha de la vida, tal y como está el patio, pero el día lluvioso y mi mal despertar han provocado todas estas elucubraciones, después de leer algún que otro texto lleno de estos cambios tan modernos. No me lo tengáis en cuenta.
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