domingo, 11 de diciembre de 2016

La mujer del siglo

Pero mira que me gustan las novelas ambientadas en otra época; esas que me llevan al pasado y me pasean por una ciudad y me mezclan con su gente. Esas que me meten en los ambientes de hace muchísimos años y me presentan a personajes muy creíbles. Si el argumento es medianamente lógico y verídico, ya me tienen convencida, y lo perdono casi todo. Por eso he disfrutado tanto con La mujer del siglo, porque me he creído la historia, porque me he visto en los lugares descritos y porque me han convencido sus protagonistas.
   Con un lenguaje claro, rico pero no rebuscado, a veces rudo y otras poético, Margarita Melgar ha conseguido meterme en los ambientes de la Barcelona de principios del XX y pasearme por sus rincones (algo que me gusta muchísimo porque así paseo por una ciudad que no conozco), ha logrado transmitirme los sentimientos y el carácter de sus protagonistas y me ha metido de lleno en una historia entretenida y emocionante.
   El Siglo no es solamente el que acaba de empezar, con sus revueltas sociales y sus avances industriales, es también el nombre de unos grandes almacenes al que acuden las damas pudientes a comprar sus vestidos.  En él se empiezan a notar los cambios del momento (una mujer al frente, una exposición de pintura en ellos, nuevas fotografías en sus catálogos), en él se entrecruzan las vidas de nuestros protagonistas (costureras, modelos, fotógrafos, aristócratas) y en él cambiarán sus vidas y decidirán su futuro.
Postal tomada de Google
   A veces, la historia roza peligrosamente el folletín, pero consigue esquivar la amenaza con la habilidad narrativa de la autora y, sobre todo, con la fuerza de los personajes. Unos personajes que se enfrentan a los prejuicios raciales y, por supuesto, sociales, a la pobreza, a las injusticias; que conocen también la amistad, el amor y la honestidad. Y aunque es una novela de mujeres, por suerte, los hombres no aparecen desdibujados como en otras historias, sino que están a la altura de sus compañeras.

   El argumento es totalmente "novelero": una huérfana, Consuelo, que deja el orfanato de las monjas para trabajar en una casa de la alta sociedad, decide escaparse de allí cuando comprueba que la señora de la casa quiere que haga algo más que plancharle las puntillas de los vestidos. Mientras decide qué hacer, se pasea por los almacenes El Siglo, donde siempre se había sentido a salvo y donde soñaba con una vida mejor. A partir de aquí, su vida dará un giro total y vivirá todo tipo de experiencias: conocerá gente bohemia y se reunirá con antiguas amigas; tendrá éxito y fracasará; se enamorará y descubrirá sus orígenes. Todo un tiovivo, ¡vaya!
   Pero un tiovivo muy bien decorado, con una música de carrusel elegante y bien interpretada, con un buen funcionamiento y puesta a punto, en el que me he subido muy a gusto porque, cuando algo se hace bien, disfrutas de lo lindo.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Una mezcla extraña

La verdad es que no sé muy bien cómo describir este libro. El Libro de los Baltimore, de Joël Dicker, ha resultado una lectura extraña no por su contenido, sino por lo que me ha provocado. Si tuviera que describirlo con una sola palabra, usaría "americanada", así, tal cual. Sin embargo, no sería totalmente justa.
   Es cierto que el argumento es una total y absoluta americanada, llena de tópicos de esos que se repiten miles de veces en el cine: dos ramas de una misma familia; una rica, influyente y además encantadora (que terminará mostrando sus miserias como las demás) y otra trabajadora, gruñona y menos deslumbrante (que acabará manteniéndose más firme que la otra). Tres primos que se adoran, pero que en el fondo ocultan graves secretos, y una chica en medio de ellos, claro está, con la que viven una adolescencia feliz y maravillosa hasta que una gran desgracia destruye y desmorona todo su mundo. Rencores estúpidos, malentendidos que acaban en desgracias, impresiones que resultan no ser lo que parecen. ¡No me digáis que no os suena de nada, que no me lo creo!
   Bien, pues como me ha pasado varias veces últimamente, a pesar de esto, no he podido dejar de leer hasta el final, y me he encontrado con detalles que la "rescataban" del montón de los abandonados. No es que al final me haya atrapado la historia, aunque está bien contada y no se hace monótona, y eso que es muy previsible. Pero sí lo ha hecho la forma de escribir de su autor. 

   Joël Dicker ha sabido contar la vida de esta familia con un lenguaje sencillo, explicando muy bien los sentimientos de su principal protagonista, Marcus Goldman, y las situaciones vividas por él y el resto de personajes, a veces, gracias a imágenes muy poéticas. El propio Marcus será quien nos hable directamente y nos desvele todos los acontecimientos vividos por él y su familia, sobre todo, por sus primos, sus tíos y Alexandra, el amor de su vida. Toda la historia serán sus recuerdos, sus sentimientos y pensamientos, los descubrimientos que va haciendo sobre los secretos familiares. Mediante continuos saltos en el tiempo, adelante y atrás, vamos conociendo a todos los personajes de la novela, unos personajes bastante bien construidos, convincentes, pero, como el propio argumento, previsibles y cargados de tópicos. Esos saltos, que parecen no tener orden ni concierto, sin embargo, están muy bien hilvanados con la marcha de la historia, bien fechados por el autor en cada capítulo, bien introducidos por los diferentes personajes cuando hablan de sus recuerdos. En ningún momento nos perdemos ni nos confundimos.
   Además, consigue que el misterio ronde la novela desde las primeras páginas. El "Drama", como lo llama el protagonista, está presente todo el tiempo, es el motivo de la historia, su origen y su fin, y hasta que pasamos la última página, no se desvela ese misterio, ya que mantiene varios "flecos sueltos" que no resuelve hasta el final, un final feliz en toda regla.
   De ahí lo de "una mezcla extraña", porque es el resultado de una rara combinación de historia manida y muy repetida con una gran habilidad para contar y una muy buena manera de escribir.

domingo, 13 de noviembre de 2016

La Celestina

Hacía frío. Paseaba arriba y abajo mientras esperaba al resto. Las puertas del teatro estaban abiertas de par en par y las luces lo inundaban todo. La gente entraba y salía en busca de sus entradas. Se representaba La Celestina.
   Mi memoria trabaja cuando quiere, y sabiendo que podía pillarla de vacaciones, había ojeado un poco la obra días antes para recordar lo más importante y revisar esas notas al margen que hice hace siglos cuando estudié, analicé y estrujé el libro a los 15 años, en el instituto, bajo la dirección de una excelente profesora de Literatura que nos hizo sacarle todo el jugo a los entresijos del relato. 
   La Celestina es una obra difícil para hacerla sobre un escenario a pesar de ser teatro (sobre esto hay grandes discusiones, por cierto): hay mucho cambio de escenarios, y muy rápidos; dura bastante; sus diálogos son densos, difíciles y con mucho cambio de registro; en una palabra, hay que tener las ideas claras para atreverse con ella. Quizás por eso estaba nerviosa, o emocionada, o desconfiada.
   Todo brillaba como de costumbre desde el patio de butacas. A pesar de no reconocer el antiguo teatro en el que tanto había disfrutado y de no acostumbrarme a esa reconstrucción que lo había "globalizado" con tantos otros recuperados en los últimos años, sentía el mismo cosquilleo de entonces y repasaba con los ojos cada pequeño rincón de la sala, hasta que llegué al escenario. El telón estaba alzado, el decorado (dos o tres escaleras de madera, enormes) dispuesto, las luces tenues. Aquello me sorprendió un poco, parecía todo tan "estoico", tan "contemporáneo". Y sentí una punzada de temor ante una posible "versión libre", punzada que compartí con quienes me acompañaban tan solo con mirarnos. Y así fue como empezó la actuación: de forma libre.
   Los actores, todos muy jóvenes (salvo Celestina, que lo era algo menos), fueron apareciendo poco a poco, vestidos de calle y explicando el contexto en el que se escribió la obra, con algún que otro juicio de valor muy personal sobre el tema. No pudimos evitar que se nos escaparan un "puf", un "pues vaya" y un ceño fruncido.

   Pero todo aquello cambió. Calisto y Melibea empezaron a "declamar" su amor bastante correctamente. Celestina se encargó de hilar la maraña de sus encuentros y de sacar partido de sus amores con maestría y un buen hacer sobre las tablas. Los tres estuvieron muy bien acompañados por cuatro actores más, que se repartieron los papeles al tiempo que cambiaban el orden de las escaleras y de las cortinas traseras, para llevarnos del jardín de Pleberio a la casa de citas de la alcahueta o una iglesia o a las habitaciones de cada uno de los enamorados. Una buena dirección que fue capaz de hacernos olvidar la tramoya, el mobiliario, los ropajes.
   El lenguaje del siglo XV fluía con normalidad, en general, muy bien manejado por todos los actores. Los guiños cómicos bien infiltrados en el drama, como corresponde a una tragicomedia. Los "hitos" de la historia bien seleccionados para comprender qué se contaba y por qué. Cuando llegó el final, hasta la más incrédula aplaudía lo que había sido una buena representación, llevada a cabo con entusiasmo por una compañía joven que apuntaba maneras y que, seguro, corregiría pronto lo que se apreciaba fruto de no estar aún madura.
   Salimos del teatro muy despacio, para saborear un ratito más esa hora y media tan agradable que habíamos pasado, compartiendo comentarios, sensaciones, felicitaciones. Y el frío, un frío que nos llevó corriendo al coche, donde pudimos alargar un poco más lo que habíamos visto.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Peticiones

Una entrada más vuelvo con las peticiones de algunos escritores que me han presentado su trabajo. No es mucho lo que yo puedo hacer, pero siempre es agradable saber que han visto mi blog como una oportunidad. Aquí os dejo la información.
La primera en "desfilar" es Mireia de No Honrubia.
Mireia me lo ha puesto un pelín difícil al no incluir información sobre ella o sobre el argumento del libro. Pero, honestamente, yo tampoco caí en la cuenta de pedírselo. Lo menos que podía hacer, por tanto, era investigar por mi cuenta, y esto es lo que encontre:
Mireia de No Honrubia es una escritora que no sólo escribe. Cuida animales, pinta, estudia, es una buena investigadora y tiene un máster en gestión de colecciones y museos, también tiene estudios de márketing. Tiene todas estas habilidades pero en el momento en el que se publica esta novela no tiene un trabajo de verdad. La autora escribió este libro en 2012 cuando aún tenía un poco de esperanza en la humanidad y la sociedad.
Seguí navegando por estos mares de internet y encontré su blog (221-bakerstreet.blogspot.com.esque, seguro, puede seros útil si queréis saber más de su novela. Por cierto, ya va siendo hora de presentárosla:
Oasis 3, su segunda novela. La primera fue Frío y Bruma. Aquí os dejo la sinopsis y los enlaces donde la podéis encontrar:Una chica despierta sin memoria en una pequeña cala rodeada deacantilados. Alejándose del mar encuentra una aldea y es golpeada en la cabeza por alguien desconocido. Este incidente es olvidado de inmediato, nadie parece preocupado en ese lugar, la recién llegada es acogida y tratada como una más. Sólo después de sucesos extraños la chica empieza a preguntarse sobre el comportamiento de los aldeanos. ¿Qué es este extraño lugar?
Smashbooks: https://www.smashwords.com/books/view/669216 (Al precio que quieras).

Mi segundo invitado es Javier Salazar Calle, un antiguo conocido que ya ha estado en mi blog con sus anteriores libros Ndura. Hijo de la selva y  Usa LInkedIn como si fueras un experto. Su nueva novela Sumalee. Historias de Trakaul, supone un cambio de registro sobre los anteriores, centrándose más en temas adultos, como la violencia o las relaciones. 
Aquí os dejo el resumen que él mismo me ha facilitado:
A veces la vida no da muchas opciones y las que te ofrece no tienen por qué ser las que más te agraden. Ni siquiera tienen que gustarte.Este libro cuenta la historia de David, un hombre que viajó desde España a Singapur para iniciar una nueva vida. Allí conocerá el amor, la esperanza, la traición, el dolor y vivirá una tórrida historia que va más allá de fronteras y nacionalidades con una desconcertante mujer. Sin saber cómo, acabará en el infierno de Bang Kwang; una cárcel tailandesa de máxima seguridad. Un lugar donde los cuerdos pierden la razón o se suicidan porque no soportan la presión.
Una historia apasionante de amor, sexo, misterio y violencia que transportará al lector por un torrente de sentimientos y aventuras que le atrapará desde la primera página. Novela cargada de emociones que, unido a un sorprendente final, no dejará indiferente a nadie.
Javier también me ha proporcionado enlaces para quienes estén interesados en su novela. Aquí os los dejo:
Web: http://www.javiersalazarcalle.com

Muchísima suerte a los dos.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Vino y lectura

¿Hay mejor compañía para un buen libro que un buen té o un buen café? ¿Y qué me decís de un buen vino? No me digáis que no es agradable paladear un libro al mismo tiempo que un Ribera, o un Rioja, o un Alvariño, elegid vosotros el que prefiráis.
   Precisamente eso es lo que hice cuando cayó en mis manos La bodega, de Noah Gordon: meterme de lleno en el ambiente y pasearme por la vida de Joan Álvarez con una copa en la mano. Siempre que el fin de semana me lo permitía, me sentaba cómodamente en el sofá con un pequeño aperitivo y mi copa de vino, mientras saboreaba la historia.
   Que Noah Gordon escribe bien no es ningún descubrimiento, y que sabe dar a sus historias emoción y realismo, tampoco. No es necesario que os describa sus virtudes literarias. Pero sí os contaré cómo ha conseguido hacerme parte de la historia y casi ir del brazo de sus personajes.
   
Joan se marchó a Francia huyendo de una guerra civil entre carlistas y liberales, y cayó en medio de un viñedo en el que trabajó cuatro años y en el que aprendió todo lo que pudo sobre tierra, viñas y vinos. Y cuando sintió que era el momento de regresar, regresó. Encontró su casa vacía y abandonada, su pequeño viñedo casi perdido y su pueblo más pobre que cuando lo dejó. Entonces decidió darle vida a sus viñas, trabajar de sol a sol para sacar adelante su terreno y convivir en paz con sus vecinos. Todo lo que hace hasta conseguirlo, la aparición de viejos fantasmas, el descubrimiento de antiguos secretos forman el argumento de la novela, pero no su razón de ser.
   Todo lo que vive Joan, María del Mar, sus vecinos, sus recuerdos, han sido las herramientas del autor para tenerme enganchada, para que el argumento me resultara interesante y quisiera saber más, pero en realidad han sido la excusa para hablarme de los sentimientos de los protagonistas, de su manera de enfrentarse a las miserias de la vida, de hacerse fuertes o débiles ante ellas, de las injusticias y de las decepciones que sufrían, también de la generosidad y de la colaboración, y del amor claro.

   La parte histórica está bastante bien documentada; el reflejo de las costumbres y tradiciones, también. He echado de menos, quizás, un poco más de profundidad sobre el mundo del vino, pero solo por gusto personal, no porque fuera a aportar nada nuevo a la novela. Todo lo referente a la sociedad de aquella época, a sus creencias, a los avances que se empezaban a vislumbrar y a las sombras que aún seguían están perfectamente encajados en el argumento a través de los diferentes hilos temporales, de los recuerdos de Joan, de los relatos de Nivaldo. 
   He disfrutado sobre todo con el amor de Joan por su tierra, con su forma de trabajar para hacerla mejor, de planear las mejoras, los pasos que debía seguir, los esfuerzos y los riesgos que necesitaba llevar a cabo. He disfrutado también con su relación con Francesc y con María del Mar, su acercamiento cauteloso para conseguir la confianza de quien siempre se había visto herida y defraudada. 
   
Agradezco al autor que se haya alejado de los tópicos que siempre suelen aparecer cuando nos miran desde fuera, y que haya involucrado a nuestros protagonistas en los hechos históricos de una forma tan verídica. Le agradezco también que me acercara las costumbres de esta zona y que me contará como pudieron haber surgido muchos de sus pueblos. He disfrutado de una forma de escribir fácil, con potentes adjetivos y un vocabulario sencillo pero eficaz, asequible pero nada vulgar. De descripciones muy plásticas, a veces viscerales, pero sin exageraciones ni teatralidades inútiles. 
   La bodega me ha devuelto a un escritor con el que había disfrutado a veces y me había desilusionado otras. En esta ocasión me ha hecho saborear una historia emocionante y bien escrita. Y cuando un libro me hace sentir bien, me deja un buen recuerdo y siento algo especial que lo diferencia de otros, creo que es un buen libro que cumple uno de sus principales cometidos: conectar con el lector y hacerle pensar y sentir. Todo mientras saboreaba el vino de mi aperitivo. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

Llamaron a la puerta

No deja de sorprenderme que algunos escritores vean en mi blog una oportunidad para dar a conocer sus libros. Para mí, es solo un pequeño lugar donde dejo mis impresiones sobre lo que leo o pienso (cada vez menos a menudo, por desgracia), donde me encuentro con algunos amigos generosos que me perdonan las ausencias y siempre me acompañan en mis apariciones y que, creo, apenas tiene difusión. Por eso, cuando llaman a mi puerta para presentarme su trabajo, me asombro tanto, y me emociono, y lo menos que puedo hacer es cederles este espacio para presentároslos.
   
   En esta ocasión, fue Javier M. Galiana quien venía cargado con una saga de temática "fantástica oscura", según él mismo me explicó en su correo, "en la que se rechaza la figura del héroe en favor del antihéroe y en la que priman lo trágico y lo decadente sobre lo heroico y glorioso". Esto me despertó cierta curiosidad y me fui corriendo a conocer su página web. En ella encontré toda la información sobre la saga, llamada Caminantes galkir, y los libros que la forman: El llanto del fuego y La isla del dolor
   Aquí os dejó la dirección por si queréis echarle un vistazo: 
  caminantesgalkir.wixsite.com/caminantesgalkir.


   También recibí la invitación de Iván Ricarte, coordinador de Libros y Literatura, para participar en el concurso de fotografía literaria que ha organizado. La verdad es que me ha hecho mucha ilusión; me gusta la fotografía y me entusiasman los libros, una mezcla perfecta. Por desgracia, y para variar, "no me da la vida" en estos momentos para comprometerme en nada. Sin embargo, sí puedo contribuir modestamente hablándoos de esta iniciativa e incluyendo a continuación el enlace en el que podréis encontrar todos los datos: http://www.librosyliteratura.es/concurso-fotos-y-literatura-2016.html.
   
   Ya solo me queda dar las gracias a estos dos amigos por haberme tenido en cuenta y pedirles perdón por no poder atenderles como se merecen. Y, por supuesto, desearles mucho éxito en sus empresas.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Y llegó el bálsamo

Nada mejor para curar los males que la risa, nada mejor para olvidar malas lecturas que una buena. Después de varios "fiascos", he caído de lleno en una delicia; uno de esos libros que te ponen la sonrisa en la cara y no te la quitan hasta la última página. Y es que no hay nada mejor que el humor para restañar las heridas.
   Enterrado en vida, es una de esas pequeñas joyas, cortitas, ligeras... y profundas. Una de esas obras habilidosas que parecen simple distracción, pero que debajo ocultan un tesoro, en este caso, el retrato sarcástico de los defectos de una sociedad un poco polvorienta y con los engranajes oxidados, y una crítica sobre el arte y las falsedades y esnobismos que lo rodean.
   Nada sabía yo de Arnold Bennet (lo cual no es raro porque lagunas tengo unas cuantas que, todo sea dicho, me esfuerzo por corregir), excelente escritor británico que fue toda una "estrella del momento" según los estudiosos, y que mantenía sesudos rifirrafes con la rompedora Virginia Wolf. Así que seguí los consejos de nuestra amiga Mónica Serendipia para corregirlo y le di a la tecla de comprar con esa rapidez vertiginosa que me entra cuando quiero echarle el guante a algún libro (claro, que así me pasa a veces). Ahora, después de "catar" su estupenda habilidad para describir la sociedad victoriana de principios del XX, estoy dispuesta a pasar al menú principal, el de sus novelas más famosas y sobre las que se dice que volcó todo su "savoir faire" (qué se noten mis clase de francés en la E.O.I.). 
   Lo primero que me llamó la atención, y que provocó las primeras sonrisas, fue su forma de describir a los personajes, apenas físicamente, salvo ciertos rasgos como pinceladas, que redondean el retrato y lo hacen completo, sino a través de sus pensamientos, acciones y el entorno en el que se mueven. Todo ello en el más puro estilo de humor inglés, ese que llama catástrofe a que el té se quede frío e incidente molesto a un asesinato ocurrido en su barrio.
Arnold Bennet
 
   Así es como se desata toda esta loca historia, por un "engorroso contratiempo": la muerte del criado personal del grandísimo pintor Priam Farll, posiblemente: ...el pintor más grande de la historia después de Velázquez. Ahí es nada. Una desgracia que despierta todos los terrores personales del artista, que padece una timidez enfermiza que le impide relacionarse con normalidad con el resto de los mortales. Por eso, cuando el médico le confunde con su criado, este asustadizo pintor ve el cielo abierto para pasar desapercibido y vivir una vida nueva lejos de los "focos de la fama", y ni corto ni perezoso, deja que se mantenga el malentendido y que corra la noticia de su muerte. Todos los enredos posteriores son la excusa perfecta para hacer una crítica de la sociedad del momento, del esnobismo en el arte, de la falsedad de los tribunales británicos, de la arrogancia de algunos clérigos, etc., etc., etc. Y así, de página en página. 
   No solo se trataba de situaciones cómicas, sino de diálogos ingeniosos; no solo de magníficas descripciones de ambientes y costumbres (hipócritas y anquilosadas), sino de la personalidad de los protagonistas y acompañantes; no solo de los momentos de tensión vividos por Priam Farll y sus ridículos miedos, sino por el sarcasmo y la inteligencia que lo envuelve todo. El mundo visto desde la perspectiva del pintor es genial y divertido y ridículo y extravagante. El tipo tiene momentos merecedores de una buena azotaina, pero que a la vez, despiertan ternura  por su torpeza y sus calificativos ácidos.
   Al hacer correr la última línea en la pantalla, me di cuenta de lo curativa que puede ser una historia cuando un buen escritor está detrás. Porque, si solo quieres quedarte en la trama y los chascarrillos, encontrarás los suficientes para pasarlo en grande. Y si prefieres fijarte un pelín más en lo que se sobreentiende, sacarle el jugo y buscar posibles moralejas o análisis más sesudos, podrás disfrutar de lo lindo con los dobles sentidos y los comentarios sarcásticos. Qué cada uno es muy dueño de disfrutar cómo y cuándo quiere.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Comprar al peso

Después de tantos años de bregar por estos mundos de los libros, ya debería saber que comprar literatura al peso no ofrece demasiadas garantías; ninguna, diría yo. Pero yo soy débil, muy débil, cuando veo estanterías llenas de libros en oferta, bien encuadernados, medianamente bien editados y..., el cebo más eficaz de todos, de novela histórica. En ese instante, las chiribitas de mis ojos se convierten en faros que llegan a todos y cada uno de los rincones de esas estanterías, puestas frente a mí para que pique. ¡Y vaya si piqué! Así fue como cayeron en mis manos dos de las tres novelas que no hace mucho leí o "sufrí", podéis elegir lo que más os plazca.
   
   De la primera de ellas ya os hablé en un popurrí que hice hace un par de entradas. El hombre de la plata, de León Arsenal, hizo que me las prometiera muy felices, frotándome las manos ante una novela sobre el reino de Tartessos, esa cultura del sur de la península envuelta en el misterio, que tuvo que verse las caras con griegos y fenicios y supo estar a su altura. Pues bien, menos mal que fue en plena canícula veraniega, porque me dejó más bien fría. No puedo decir que la historia no tuviera buenos materiales: aventura, misterio, datos históricos y otras lindezas, pero cuando no sofríes bien los ingredientes, y no aderezas como Dios manda el guiso, ya puede ser maná del cielo que aquello sabe a experimento de principiante.
   El rey Argantonio, más viejo que Matusalén según la leyenda y excéntrico un rato largo, envía un grupo de hombres expertos a recuperar el tesoro de una tumba expoliada. En el camino de esos hombres se mezclan otros muchos personajes que tratan de contarnos las costumbres y forma de vida de las colonias de la península, los ritos y creencias, las otras tribus que pululaban por allí, etc. Otra cosa es que lo consigan.
   Siento ser tan dura, porque el autor parece honesto en su prólogo, y con muy buenas intenciones a la hora de desarrollar una historia creíble y bien documentada, pero no lo consigue, porque el argumento está cogido por los pelos y la información sobre Tartessos es muy escasa y con bastantes hipótesis en su origen. Sin embargo, es cierto que una novela debe dar rienda suelta a la imaginación, a la probabilidades, pero tienen que ser verosímiles.
   Algo descorazonada con mi primera adquisición, me lancé en brazos de Kate para pasar con ella noviembre, como bien sabéis por mi entrada anterior. Volví a recuperar el sentido del gusto y me vine arriba. Así que fui derechita a por el segundo libro al peso, y nunca mejor dicho.

   Rex. La fundación de Roma, de Dafne Amati, contaba nada menos que con 457 páginas; sí, vale, de letra "gorda" y con un generoso interlineado, pero el peso era el peso. En el tren, en el metro, por la calle, se hacía sentir la vida de Rómulo y Remo. Una leyenda, más que una historia novelada, mitos y realidades entremezclados que me prometían trayectos muy entretenidos. 
   ¡Qué poco dura la alegría en la casa del pobre!.- decía mi abuela. No había llegado ni a la mitad del libro y las pinceladas de mitología, fantasía y leyenda se habían convertido en brochazos gruesos para conseguir un "voy a avanzar como sea", o un "a ver si con esto justifico lo que sigue". En fin, otra decepción. Pero yo seguía avanzando no sé muy bien por qué, ya que, a veces, cuando me pongo cabezona con algo, llego hasta el final, aunque no merezca la pena; una manera inútil de desaprovechar otras lecturas, pero así es el ser humano, o al menos, esta ser humana, impredecible.
   Como estarían mis neuronas lectoras, que necesité desintoxicarme con una historia fantástica de verdad, con brujas, sanadoras, guerreros y magia. Una historia sencilla pero honesta, sin pretensiones de ser El señor de los anillos, pero con calidad suficiente para hacerme pasar un buen rato, despertando el lado infantil que, de vez en cuando, me gusta sacar. Y con Leyendas de la Tierra Límite. Las Tierras blancas, de Ana González Duque, me lamí las heridas y pasé momentos entretenidos.
   Como de todo se aprende, espero que estas dos experiencias de "libros al peso" me sirvan para ser más exquisita la próxima vez, o más cauta, o más sensata o más paciente para ojear y hojear mejor los libros que se me presentan. También me ha servido para elegir una nueva lectura, siguiendo las recomendaciones de dos blogueras a las que admiro, y para mirar de reojillo el tercer libro al peso de aquella compra "inolvidable", cada vez que paso por delante de la estantería del salón. 

martes, 30 de agosto de 2016

Bendita tormenta

Quién no ha soñado alguna vez con que se producía una gran confluencia de los astros y nos dábamos de bruces con el amor de nuestra vida, con el que además teníamos que pasar varios días, muy románticos, a ser posible. Yo sí.
   Bien, pues Mónica Gutiérrez me ha leído el pensamiento y lo ha plasmado en El noviembre de Kate. Ha cogido dos personajes, con carencias afectivas, necesitados de abrazos y protección, vulnerables a su manera, y los ha unido: Kate, una mujer introvertida y solitaria, y Don, un hombre torturado y obstinado con hacer justicia. Eso sí, ha necesitado un complot de corrupción empresarial, un programa nocturno de radio, un bar escondido en el último rincón de un hotel y una tormenta de nieve de las que hacen época. Pero todo se lo merece esta historia.
   El argumento, a mi modo de ver, es lo de menos, aunque me tuvo con la nariz pegada a la tablet todo el tiempo. Los importantes son ellos, sus protagonistas; cada uno llena, exactamente, los huecos del otro. Kate se siente atormentada por un jefe brutal que parece no parar nunca de explotarla, olvidada por una familia que habla con ella por skype una vez a la semana sin apenas escucharla y refugiada en su amigo camarero, el único que la escucha y le da caña a la vez para que cambie su vida. Don está obsesionado por vengar la muerte de su mejor amigo (causada por los tejemanejes corruptos de una gran empresa), junto a otros dos colegas tan colgados como él (y expertos también en el mundo informático, no digo más), con un hermano que parece sacado de las "guaridas" de Wall Street y un padre canguro de dos gemelos al estilo Zipi y Zape. A primera vista, un par de "ejemplares" complicadillos de tratar. Pero no todo es lo que parece en esta historia.
   Empecemos por lo que les rodea: una contagiosa atmósfera de bienestar, continuas pinceladas de ironía y de sentido del humor, los personajes a quienes te dan ganas de abrazar y comerte a besos, los rincones escondidos y pequeños con un aire casi mágico y esos capítulos intercalados que parecen ir a su aire dentro de la novela, Fragmento de las memorias de William Dorner, el incomprendido meteorólogo, la única persona que predijo la gran tormenta que cambiaría las vidas de todos ellos, y a quien nadie hizo caso.
   Como toda buena historia que se precie debe contar con pequeñas dosis de misterio, soltadas con cuentagotas, y con zancadillas e impedimentos que lo líen todo para resolverse al final de una forma rápida y sencilla; ¡qué más da!; estamos tan centrados en lo que sienten y piensan unos personajes que hemos hecho nuestros que todo lo demás son pequeños aderezos, siempre bienvenidos. 
   Confieso, sin embargo, que algunas escenas me recordaban demasiado a la típica comedia romántica del cine, pero están envueltas con un encanto tan hábil que solo parecen posibles dentro de esta novela, en ningún otro sitio, y terminé por zambullirme en ese ambiente tan especial donde "(...) olía a jabón de lavanda y a librería encantada". ¿Se puede pedir más?

domingo, 21 de agosto de 2016

No puedo decir que estoy de vuelta

Una dice: "¡Hola" Ya estoy de vuelta", cuando se ha ido a alguna parte, pero no es mi caso. Ni he hecho envidiables viajes por lugares exóticos ni he disfrutado del lugar de mis orígenes familiares ni me he escondido del mundanal ruido. No, me he quedado aquí, en mi casita, en mi pueblo y en mi trabajo, salvo alguna escapada de "largo puente".
   Sin embargo, creo que tengo todo el derecho a decir: "¡Hola! Ya estoy de vuelta", porque mi abandono de este rincón mío ha sido absoluto. Y no penséis que no lo echaba de menos, pero los impedimentos no son solo cuestiones físicas, sino también mentales; una desidia gigantesca se ha venido de vacaciones a mi casa, y las largas tardes de verano, se ha sentado conmigo en el sofá, me ha cogido de las manos y me las ha colocado en el mando de la tele, para impedirme hacer nada más que cambiar de canal o de ver series descargadas (todo muy legal, ¡qué conste"). Sin embargo, y por fortuna, he sido capaz de que me devolviera las manos para sujetar algunos libros y pasar páginas o pantallas y, aunque no han sido demasiados, me han permitido limpiar mi conciencia de las horas pasadas delante de "la caja tonta".
   Terminé hace tiempo El noviembre de Kate, de Mónica Gutierrez, que en plena solanera del verano, trajo consigo una tormenta de nieve que me vino de perlas. Fue hace tiempo, como digo, pero todavía me relamo de lo bien que me sentí leyéndola.
   Después di el salto a la fantasía. Hacía siglos, ¡qué digo!, milenios que no leía una historia de fantasía, así que deslizando el dedillo por la pantalla de la tableta, me encontré con una antigua adquisición de esas que haces en un subidón de compras libreras, y que parecía decirme: "leeme leeme" desde su portada "mágica". No me hice de rogar, la verdad, paradójicamente, Desidia estaba tan activa que cualquier cosa le venía bien, y a mí también, dicha sea la verdad. Así que me puse manos a la obra con Las Tierras Blancas, de la saga Leyendas de la Tierra Límite, y me metí de lleno a preparar conjuros, atravesar páramos y bosques malditos y a salvar a la población del mal y la oscuridad. Fue una buena sensación: entretenida y relajante.
   
En mitad de tanto frenesí, se le coló a mi invitada Desidia un libro en francés que yo tenía la intención de utilizar para actualizar un poco lo que se me iba olvidando del curso acabado, y ¡claro!, la lectura ha resultado ser más lenta, lápiz en mano, entre subrayados, signos de interrogación, notas al margen y cabezadas en el tren.  Porque Mémoires d'Hadrien, de Marguerite Yourcenar, no es precisamente una perita en dulce, por eso sigue entremezclada con el libro de turno y así puede colarse de vez en cuando en mis lecturas.
   Y como colofón, le di en los morros a Desidia con una novela histórica sobre los tartesios, ¡toma castaña! Lo mismo se pensaba que tenerla merodeando todo el día haría que evitara correr riesgos. ¡Pues no señor! Me tiré de cabeza a la novela El hombre de la plata, de León Arsenal, a ver qué se cocía allá por el siglo VI a. C., cuando pululaban por aquí los fenicios, griegos, tartesios y todo el maremagnum de tribus y pueblos de la península. Acabo de pasar la última página y todavía no sé qué narices he sacado en claro. A pesar de zambullirme, no he conseguido sumergirme ni una sola vez; todo ha sido "flotar y avanzar un poco". Pero esto ya lo contaré más adelante.
   De momento, os saludo de nuevo, y espero que sin nuevas despedidas, y que Desidia no se de cuenta de que se ha quedado sola en el sofá.

martes, 2 de agosto de 2016

La Abadesa

Que la novela histórica me chifla no es ningún secreto, pero también puede ponerme de los nervios si de rigor histórico tiene lo que yo de fraile. Es cierto que tiene que haber licencia poética, pero algunas de estas licencias son tan poéticas, que "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia". Por eso disfruto tanto con Toti Martínez de Lezea.
Esta escritora tiene una habilidad especial para combinar en sus novelas el momento histórico con la trama, y reflejar así la situación de una época determinada de una forma natural y amena. Aprendo un montón con el enorme trabajo de documentación que hay en sus novelas, con la forma en que refleja las normas sociales, los hechos políticos, las tradiciones y costumbres. Todo esto ha hecho que La Abadesa, María la Excelenta haya sido una lectura entretenida y agradable, aunque a veces, algo flojilla. Y ahora os cuento el porqué.
La historia tenía su enjundia: la vida de una de las hijas bastardas de Fernando el Católico (reconocida por el rey cuando ella ya era "mayorcita" y él veía una de sus reales piernas en el más allá), que llevaba en la ignorancia sobre sus orígenes casi toda la vida. Sin embargo, en los hechos "inventados" he notado cierta superficialidad, más parecía una excusa para soltar la moralina. La Abadesa, María Esperanza de Aragón, una vez que se ha enterado de sus orígenes, se pasa la novela en un constante tono de amargura y resentimiento que no termina de gustarme. Es lógico que no sintiera ningún aprecio por el rey, pero se queja más por lo que podía haber tenido como infanta que por haber perdido a su madre y a su familia. Demuestra un odio "siciliano" por uno de sus hermanastros al haber tenido lo que ella debería haber tenido también, y refunfuña cada vez que se tercia del poco cariño recibido en su vida, cuando se presenta a sí misma como una mujer respetada y querida en su convento.
La figura del rey es vapuleada durante toda la novela, pero del "cretino" de su tío se queja poco (culpable de muchos de sus males). Sí, le pone como un mal bicho, igual que a su primo, pero sin demasiado entusiasmo. No voy a decir yo que Fernando de Aragón fuese un alma cándida (a pesar de imaginármelo desde ahora como un tío buenorro gracias a Rodolfo Sancho), pero tampoco es que fuera "oliendo a azufre". Eso sí, las mujeres salen muy bien paradas: son mujeres con coraje, con decisión, que luchan por lo que quieren. Me ha gustado especialmente la manera en que trata la figura de Juana la Loca, sin regodearse en lo macabro de su encierro, pero recreando el ambiente en el que seguramente vivió y el tipo de personas que la rodearon. Como me parece genial el retrato psicológico que hace de la reina Isabel a través de sus rasgos físicos.
Pero salvo algún que otro momento teatrero, propio de culebrón, para arrancarnos la lágrima, el excelente trabajo de documentación y un lenguaje imitando al de la época (sin dejar de ser claro y sencillo) me han metido de cabeza en uno de los momentos, para mí, más interesantes de nuestra historia. Me ha dejado pasear por los monasterios más importantes mostrándome como se vivía en ellos, me ha enseñado costumbres y leyes no escritas que regían la vida de la gente y, sobre todo, me ha dado a conocer costumbres y normas de la sociedad vasca de entonces que me han sorprendido mucho, como que las mujeres solteras llevaran afeitada la cabeza.
¡Ah! ¡Qué no se me olvide!: ¡qué habilidad para la descripción de los paisajes y de las ciudades; en especial, me ha gustado la que hace de Bilbao. ¡Y cómo se nota su amor por la tierra que describe! Trata de ser objetiva destacando los puntos negativos, pero se le escapa, lógicamente, su admiración.
Sé que me dejo muchas cosas en el tintero, pero no quiero que eso sea más largo que un rollo macabeo. Así que, en concluyendo, a pesar de parecerme una novela más floja que otras que había leído hasta ahora de ella (quizás porque fue de las primeras que publicó), sigo disfrutando con su forma de escribir, por lo bien que entremezcla, no solo las costumbres sociales de la época con la trama de la novela, sino sobre todo, por los hechos y personajes históricos que intercala de vez en cuando, dando más realismo al relato. Por eso, seguiré leyendo sus novelas con el mismo entusiasmo que hasta ahora.

domingo, 3 de julio de 2016

Gracias otra vez, Kate

Siempre que cierro un libro de esta escritora se me escapa un suspiro de satisfacción, de haber disfrutado cada página, cada imagen, cada giro de la historia. Para mí, leer a Kate Morton siempre me asombra y me maravilla. A veces, cuando empiezo a leer, recuerdo de inmediato por qué me entusiasman sus libros: una frase redonda, una escena impresionante... Otras veces, parece que he olvidado esa habilidad suya para transmitir imágenes y sentimientos y, de repente, descubro una frase que despierta como un latigazo esas sensaciones que me regalan sus novelas.
   Kate Morton parece que no podrá superar su última novela, hasta que escribe la siguiente. Esta, que acabo de despedir con nostalgia, me ha parecido tan redonda o más que sus hermanas, tan sorprendente y emocionante como ellas, incluso más, porque ya sabía cómo era su estilo, cuánto podían esconder sus historias, y aún así, me he descubierto con la boca abierta en más de una ocasión. Pero, vayamos por partes.
   El último adiós es mucho más que un misterio sin resolver. La historia de cómo Sadie se mete de cabeza en la resolución de un misterio ocurrido hace casi setenta años, para dar salida a sus angustias personales y a sus problemas profesionales, solo es la excusa para hablarnos de las actitudes y sentimientos de todos los personajes que desfilan por el libro. Esta detective de Scotland Yard ve peligrar su carrera por su comportamiento en su último caso, y se ve forzada a unas "vacaciones" en la casa de su abuelo en Cornualles. Su encontronazo con la casa abandonada de la familia Edevane, a la que rodea un trágico misterio, le sirve de distracción y empieza su propia investigación sobre el asunto, usándolo como válvula de escape de todos sus problemas. Con ella, nosotros iremos conociendo a todos los protagonistas de ese misterio y también a los fantasmas de Sadie.
   El argumento no tiene ni un solo momento flojo o de bajo interés en todo el libro. La duda, las sospechas sobre lo que pasó o sobre quién lo hizo planean continuamente, con insinuaciones, con sugerencias, con hechos que no concluyen del todo. Siempre se quedan flecos sueltos que te mantienen atada a la trama, pequeñas señales que tú crees pistas para descubrir lo que pasó, pero que, de repente, dan un giro sorprendente que tira por tierra cualquier teoría que hayas formado y que parece ofrecerte otra nueva.
   Mientras tanto, los personajes van perfilándose poco a poco, vas conociéndolos y mostrando cómo son realmente. A cada uno de ellos le da su propio momento de reflexión, de visión de los hechos; nos acerca a sus pensamientos y sentimientos, sin desvelar, sin embargo, absolutamente nada de ese misterio que cose toda la historia. Qué habilidad la de esta escritora para transmitirnos los sentimientos de los protagonistas: su angustia, su felicidad, sus dudas, su paz; para describir los ambientes en los que se mueven. Con frases cortas, sencillas, pero cargadas de imágenes y emociones, hace que me resulte tan fácil y cómodo leer que siento como si me deslizara por el libro.
   Y en medio de todo esto, pequeñas pinceladas costumbristas para dar mayor realidad a todo, para anclarlo en el espacio y en el tiempo: los matrimonios por conveniencia, la ruptura de normas sociales por amor, los horrores de la guerras y el peso de las posguerras... Y una envidia muy poco sana por un sistema de hemerotecas y archivos eficaz y bien organizado, que siempre hace que rastrille el suelo con los dientes y que ruja mi yo interior. Aunque también ha rugido por algunos errores de corrección que creo que no deberían existir en una edición como esta: "dibujo A tinta", "barca A remos", "informar QUE"... pero con esto ya estoy acostumbrándome a convivir, desgraciadamente.
   Volviendo a la historia, esa que me engaña con pistas que parecen ser lo que no son, con rotundas afirmaciones que luego tienen otro prisma detrás que lo cambia todo, me entusiasma de tal forma que casi no percibo esos pequeños toques algo increíbles que aparecen a veces en ella. Son unos "toques" un tanto surrealistas que, intuyo, ella misma ha visto forzados. Es como si se diera cuenta de lo "peregrino" de la escena que acaba de crear y quisiera rectificarlo explicándolo por boca de algún personaje, al que se le presentan las mismas dudas que estaban rondando por mi cabeza. 
   Y entonces llega el final, increíble, sorprendente y casi traspasando la línea hacia un culebrón de sobremesa, y estoy segura de que, en otras formas de escribir menos geniales, me habrían arrancado un "pero venga...". Sin embargo, en las manos de Kate Morton me han parecido más un homenaje a esos tiernos finales felices de las cándidas y maravillosas películas de los años cincuenta, en las que todo encontraba su sitio, lo que me ha arrancado alguna que otra lagrimita y una simpatía enorme por sus protagonistas.
   Por eso, no me cansaré de agradecerle a esta escritora unos libros estilo "Mary Poppins": practicamente perfectos en todo.

domingo, 26 de junio de 2016

Panes que dejan un excelente sabor de boca

Así ha sido este Pan de limón con semillas de amapola: un buen "manjar". Lo disfruté a pequeños pellizcos, saboreándolo poco a poco en los ratitos que podía robar para leerlo; mordiscos que me dejaban siempre con ganas de más.
   Es curiosa la huella que dejan algunos libros. Después de mucho tiempo desde su lectura, quizás no recordemos algunos pasajes, pero no olvidamos la sensación final. Esa sensación será la que os cuente en esta ocasión, porque con tantos altibajos en la marcha del blog, con tantas interrupciones lectoras, ni siquiera mis notas me ayudan a escribir una reseña como Dios manda, es decir, con un cierto análisis objetivo. No, lo siento, todo serán sensaciones, subjetividades, recuerdos e impresiones.

Desmenuce
   
   Como ha ocurrido a lo largo de la Historia, el pan se convierte para estas hermanas en su alimento básico; será lo que las una tras una larga separación y lo que las acerque también a otras personas y a otras posibles vidas.
   Aunque el principio ya te cuenta el final, hasta llegar a ese desenlace pude disfrutar de todo un proceso de cambio, de las situaciones presentes y pasadas que me daban la pauta para entender la relación de Anna y Marina (aunque debo confesar que me pille un buen mosqueo al empezar la novela sabiendo ya parte del desenlace). Pero también nos acerca al resto de personajes que, en torno a la panadería que misteriosamente han heredado, van surgiendo poco a poco y aportando su grano de arena a la nueva vida de las dos hermanas.
   Cada capítulo empieza con una receta que contiene más que simples ingredientes y una elaboración determinada; encierran también las pautas del día a día para afrontar las circunstancias que se nos vienen en cima.
   Confieso, que algunos de los pasajes me resultaban previsibles o muy manidos; otros, muy familiares, vistos en más de una peli de sobremesa (de hecho, alguno que otro me recordó a Chocolat), pero la forma de escribir de Cristina Campos le daba el toque de naturalidad necesario, con un lenguaje cercano y actual, pero muy literario a la vez, además de ciertos guiños a una cultura televisiva común.


   
   Recuerdo disfrutar en general con los personajes, algunos arquetipos, otros más reales; encariñarme con algunos de ellos, entenderles, compartir sus reacciones. Recuerdo que me fue fácil meterme hasta las trancas en la historia, querer resolver el misterio de esa herencia (aunque esto solo fuera una excusa para contar todo lo demás), emocionarme o cabrearme con algunas de las decisiones tomadas. Recuerdo soltar alguna que otra lagrimita, pero alegrarme cuando la autora no se regodeaba en lo sensiblero; torcer el gesto, sin embargo, cuando detallaba lo sórdido para definir a un personaje. Recuerdo dejar escapar alguna que otra sonrisa, adivinar alguna que otra reacción, algún que otro secreto de familia.

    Cierre
   Pero lo más importante es que recuerdo haber cerrado el libro con satisfacción, con la sensación de haber disfrutado de la historia, con un suspiro final de "¡qué bonito!" y con las ganas de recomerdarlo a quienes quieran disfrutar de una buena lectura veraniega.

domingo, 5 de junio de 2016

Cómo pensar por nosotros mismos

Siempre es necesario pensar por uno mismo e intentar no dejarse manipular por modas o técnicas de marketing, pero especialmente en los días que vienen y en la tarea que tenemos por delante. Por eso me pareció tan oportuno el correo que Alonso Barán me escribió para presentarme su nuevo libro: Librepensamiento, cómo no dejarse engañar
   Alonso Barán no es nuevo en esta plaza; ya sabe lo que es "pelearse con la pluma", ya que ha escrito un guion para largometraje y varias novelas. Graduado en filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), tiene un máster en guion de cine y televisión y ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en medios de comunicación (www.facebook.com/alonso.baran).
   Según el mismo me dice en su correo, con este libro muestra sus motivaciones intelectuales, su deseo de encontrar soluciones a los problemas actuales de nuestra sociedad:

"En un tono irónico y con una dinámica propuesta de ideas, este ensayo pone de relieve la forma de pensar del autor: un revelador análisis que reúne conocimientos de varias disciplinas académicas para conformar un punto de vista refrescante y diferente".

     
¿Cuál es entonces el auténtico "meollo" de este libro? Aquí tenéis su sinopsis:
"¿Qué puede aportar el librepensamiento a la democracia?   Esta obra busca proporcionar al lector los elementos que necesita para desenmascarar las técnicas de manipulación ideadas para dirigir nuestra mente y nuestra libertad de elección.Con un estilo ameno y mordaz, se desvelan los mecanismos que usan quienes aspiran o detentan el poder para conseguir sus objetivos a costa de la ciudadanía. La presente obra es un recorrido a través de la psicología social, la filosofía y la antropología cultural como fundamentos para tener un pensamiento creativo y libre.Descubrir cómo opera el poder y cómo direcciona nuestro pensamiento se pone al alcance de cualquier lector, con independencia de su grado de formación, para que pueda pensar con libertad".
   Editorial Diálogo es quien se encarga de publicar esta obra. Se trata de una empresa que lleva a sus espaldas una enorme experiencia  en la edición de libros especializados en la enseñanza media y universitaria, y para los profesionales del derecho, con colecciones sobre humanidades, Derecho fiscal, Historia de la Filosofía, ensayo filosófico, etc.
Así que ya sabéis dónde dirigiros si os interesan estos temas. Os echo una mano:
1. En la colección Tábano: http://dialogo.dialogo-tilde.es/.
2. En librerías de toda España.

Feliz domingo.


domingo, 22 de mayo de 2016

De Allende a Valle Inclán y viceversa

Esa ha sido mi sensación a lo largo de toda esta lectura: unas veces estaba en el realismo mágico de Allende y otras en el esperpento de Valle Inclán. 
Todo en esta novela me ha parecido desbordante, extremado; nada ha sido comedido, centrado, equilibrado. Los personajes amaban u odiaban con una pasión exagerada; la naturaleza brotaba hasta reventar o palidecía hasta desaparecer; los protagonistas eran inmensamente bellos, enormemente gigantescos, absolutamente grises o tremendamente esperpénticos. El lenguaje tocaba la poesía unas veces y otras era rudo, crudo e incluso ordinario. 
La historia de las mujeres Laguna no ha sido para nada mesurada, marcada siempre por una maldición que les hacía enamorarse hasta la extenuación y sufrir por ello. Los hombres de sus vidas siempre morían o desaparecían y ellas solo daban a luz a niñas, niñas que seguían inexorablemente la tradición familiar. Pero de la misma forma que amaban, odiaban. De la misa manera que se entregaban, se vengaban. Y así, la historia nos cuenta la vida de varias generaciones de mujeres Laguna y de sus hombres, de su amor, de su desengaño, de su odio, de su venganza, siempre al límite; la historia de cómo cada una de ellas se enfrentó a su maldición.
Evidentemente, son las mujeres Laguna las protagonistas absolutas de la novela, excepto en una ocasión que no pienso desvelar. El resto de acompañantes bailan a su ritmo. No digo con esto que sean planos, ni mucho menos; ellos también van acompañados de su propia historia, pero son mejores  y más completos junto a ellas. 

Ellas lo envuelven todo, hasta la naturaleza. A veces, los fenómenos atmosféricos parecen responder a los sentimientos de las Laguna. Las flores estallan a su paso, las tormentas rompen el cielo en sus desgracias, el calor abrasa con sus pasiones, hasta las campanas tañen según su felicidad o su tristeza. Y después, los chismorreos, las supersticiones, los prejuicios de un pueblo que vive a su alrededor rechazando o a los miembros de la familia Laguna según manda la tradición local. Todos estos aspectos llenan la novela de simbología, de plasticidad. Es una historia que se huele y se toca, a veces hasta se mastica.
¿Cómo iba yo ha pasar por este relato tan tranquila? Imposible. Mi lectura ha sido como la historia, exagerada. Comencé disfrutando como un crío con zapatos nuevos con la profusión de colores, olores y sentimientos que se escapaban del amor entre Clara Laguna y su enamorado andaluz. Después pasé a agotarme ante la cantidad de metáforas y figuras retóricas de sus descendientes, hasta el punto de sentirme como si me hubiera zampado una tarta de nata yo solita. Y finalmente, volví a disfrutar con el poder del lenguaje y con la fuerza de sus imágenes, aunque, en ocasiones, algunas de ellas me revolviera el estómago.
Como veis, nada ha sido usual en esta historia y sí extremado. Y precisamente eso es lo que me ha hecho disfrutar de esta historia.

domingo, 1 de mayo de 2016

Lo que soy capaz de hacer por desesperación

Los que adoramos leer, somos capaces de "tragar" cualquier cosa en situaciones de "mono". Y justo eso es lo que estoy viviendo yo en estos momentos de desesperación. 
 Últimamente, sufro de fenómenos paranormales en casa: mis cosas se esconden en sitios diferentes sin avisarme y deciden aparecer después de meses en los que las había dado por perdidas. O eso, o estoy como una chota, y puestos a elegir, prefiero la primera opción.
   Hace una semana decidí hincar el diente al libro de Toti Martínez de Lezea que, yo pensaba, estaba esperando turno en la estantería. Mi dedo lo buscaba tan tranquilo, repasando los lomos de los libros, de izquierda a derecha, primero, de arriba abajo, después. Al no encontrarlo, este dedo empezó a tamborilear un pelín nervioso, esta vez de abajo arriba y de derecha a izquierda, pero Toti no aparecía. Los nervios ya me empujaban por el resto de las estanterías de la casa, me llevaban a buscarlo en las bolsas en las que los guardo cuando me los llevo de paseo, en los cajones de las mesillas, debajo de la cama... ¡Ya volvíamos a las andadas!
   Aún lo sigo buscando, no creáis, pero mientras "el señorito" se decidía a aparecer, yo necesitaba algo que llevarme a los ojos y, ¡horror!, no tenía nada nuevo que leer. Confiada en las últimas adquisiciones de la biblioteca materna, nunca compruebo las reservas de "víveres" para los casos de emergencia como este. Y ¡Claro!, llega ese momento tan angustioso de la búsqueda desesperada de un sustituto, del escalofrío en la espalda mientras recorro todos los rincones con libros que hay en la casa, buscando una posible lectura.
   Por desgracia, no sé vosotros, pero yo soy incapaz de quitarme de la cabeza las ganas de un libro cuando ya he decido que quiero leerlo. Su imagen me persigue machacona y no consigo saborear nada de lo que pruebo. Reviso todo por enésima vez, nerviosa; me cabreo conmigo misma, por no tener las cosas en su sitio cuando las necesito; y termino regañando hasta con el Lucero del Alba. Y entonces, llega la Desesperación. Y me enseña esas compras "un tanto estúpidas" que hice hace siglos por internet. Y me "restriega" por los ojos ese librito que está el último en la fila de títulos de la tablet. Y caigo irremediablemente en él ante la idea de irme al trabajo sin lectura que me acompañe en los viajes. Bastante dura ha sido la noche al acostarme sin acompañantes.
   Y así es como me encuentro leyendo Iniciación, de Gemma Herrero Virto, al parecer, el primero de una saga llamada Viajes a Eilean, sobre magia, magos, mundos paralelos y adolescentes luchadores.
   ¿Por qué? Eso quisiera saber yo. Lo más curioso es que, a pesar de ser bastante infumable, sigo con él, tirándome de los pelos con sus múltiples topicazos y sus recursos manidos, pero sorprendida al verme analizarlo, a querer saber el final de la historia de Luna y su hechicera tía Emma; a tomar notas; y a haber renunciado a la búsqueda del libro de Toti que, dicho sea de paso, sigue sin aparecer.
   
Y feliz día de la madre, en especial a aquellas que, como la mía, han hecho que amemos la lectura hasta el punto de necesitar leer a toda costa.

domingo, 24 de abril de 2016

Un buen libro

Ayer fue un día muy especial para quienes amamos los libros; daba vueltas a la cabeza sin parar sobre la clase de entrada que haría hoy. Quería conseguir un homenaje digno de lo que se celebraba. Quería ser capaz de expresar lo que un libro valía para mí. Quería compartir algo único con todos los que se mueven por estos mundos de libros, blogs literarios, redes, etc. Pero no conseguía encontrar la manera justa.
   Esta mañana, mientras desayunaba, terminaba las últimas páginas del libro que tenía entre manos. Con el último sorbo del café llegaban también las últimas líneas de la novela, una buena novela. Y, de repente, se encendió la bombillita: no había mejor homenaje para este día que hablar de un buen libro. Y yo acababa de cerrar uno. 
   Escribiría sobre un libro, el mejor de los homenaje; Cartas a Palacio, de Jorge Díaz, una buena novela que me había hecho disfrutar, que me había enseñado muchas cosas, que me  había llevado a partes de la Historia que no conocía, que me había presentado diferentes puntos de vista sobre las cosas ocurridas, que me había enternecido y sorprendido un poco también; que me había arrancado alguna media sonrisa y alguna lágrima final; que me había emocionado y hecho levantar una ceja de sorpresa.   
   Estoy segura que la mayoría de vosotros ya conoce esta genial historia sobre la labor de la Oficina Pro-cautivos que puso en marcha Alfonso XIII, y que, como siempre, se quedó en el olvido porque nosotros no tenemos un Spielberg que lleve al cine las hazañas que consiguieron los hombres y mujeres que trabajaron en ella. Estoy segura que casi todos habéis acompañado a Clara, después de abandonar a su novio en el altar, en la interesantísima vida que se le presentó después; como también sentisteis las dudas de Manuel, un anarquista que se ve trabajando codo con codo con el rey al que quiere derrocar; posiblemente también cogisteis cariño a Álvaro, amigo personal de don Alfonso, al verle enfrentándose al despreciable Carlos de la Era; y habréis seguido las andanzas de todos los personajes que han desfilado por este libro: Gonzalo, Frank, Jean- Marie,Carmen, Elisa o la Murciana.

   Con una forma de escribir muy eficaz, correcta y bien adaptada a la historia, al momento y a los personajes, el autor me ha sorprendido con una forma de escribir directa, rápida, de mucho diálogo y de frases cortas, casi de crónica periodística, ¿o de guión de televisión?, pero siempre capaz de meterme de lleno en el ambiente de cada barrio y ciudad protagonistas de los hechos. Y me ha sorprendido con unos personajes muy creíbles, que evolucionaban a lo largo de la novela, según iban viviendo cada hecho, cada cambio, cada dura prueba.
   Cartas a Palacio me ha descubierto a un rey noble, a personas buenas y justas independientemente del lugar del que procedieran, a la maldad anidada también en cualquier barrio o palacio; a los daños de cualquier guerra, por muy justa que se considere (¿alguna puede serlo?); a miles de situaciones posibles que pueden surgir en circunstancias extremas; a la ignorancia sobre nuestra forma de actuar hasta que nos vemos bajo presión, que es cuando se demuestra verdaderamente como somos; y a otras muchas cosas.
   Sí, definitivamente ha sido un buen libro, con un buen argumento que me ha atrapado muchas veces y del que me he alejado en otras, al sentir que el autor proyectaba valores y actitudes demasiado actuales. Pero ha sido siempre un interesante paseo. 
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